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jueves, 18 de abril de 2019

Talento... ¿Qué talento?

      Una vez, en un amago de encuesta improvisada e informal, pregunté a ls chic@s del equipo qué compañers pensaban que tenían más talento jugando al rugby. La siguiente pregunta fue qué compañers creían que se esforzaban más.
No fue ninguna sorpresa que las dos respuestas fueran casi idénticas, porque, obviamente, NO es una casualidad. De lo que tenía que darse cuenta la muchachada es de que hay una relación entre el “talento” (sea lo que sea eso) y el esfuerzo; y ell@s deberían sacar la conclusión de que lo primero es consecuencia de lo segundo. Y si no es así, entonces… ¿qué sería el talento?

Llevo un tiempo intentando encontrar una cita que leí hace años. Un reconocido entrenador de rugby decía algo así como que no creía en el talento natural porque no había sabido de ningún bebé que nada más nacer pudiera hacer un pase de 10 metros con spin. Sabemos que estaba exagerando, pero también sabemos a qué se refiere: que no se nace con talento, sino que se llega a tener talento. Así que hay expertos en rugby también afirman que el talento es algo que se puede entrenar. Y eso son muy buenas noticias para tod@s. (1)
Algunos autores que no tienen nada que ver con nuestro deporte afirman que existe una "ley de las 10.000 horas", según la cual esta sería la cantidad aproximada de tiempo de práctica que se requiere para alcanzar la maestría en algo (2). Es decir, más gente cree que el talento se alcanza con trabajo.
Pero no corráis a hacer cuentas de las horas que lleváis para saber qué día exacto alcanzaréis la gloria. Aun suponiendo que esa ley sea cierta, no bastaría con acumular entrenamientos, uno tras otro, hasta llegar a la cifra mágica. Por eso ahí va una advertencia: no valdrá cualquier práctica. O dicho de otro modo: no vale practicar de cualquier manera. Es necesaria una ‘práctica deliberada’, de la cual hablaremos más adelante.

Cada entrenamiento tiene su propósito y sus criterios de éxito. Atente a ellos para que sea más útil en tu desarrollo.

Lo que marca diferencias


Tras decir esto, me vienen a la cabeza algunos entrenamientos técnicos. Resulta fascinante comprobar cómo hay jugadors que no aciertan a realizar de forma aceptable un gesto sencillo, aunque ell@s sean perfectamente capaces. Ni descomponiéndolo en elementos básicos aislados e imitándolos tras una demostración. O quizás el gesto en sí lo hacen bien, pero con un balón en la mano ya no (o añadiendo cualquier elemento sencillo al elemento básico previo) (3).
Observando estas situaciones se puede ver que algunas acciones totalmente al alcance de cualquiera solo son ejecutadas a la primera por alguns, mientras que otrs no lo hacen razonablemente bien tras varias sesiones.
Se comprueba, pues, cómo alguns jugadors son capaces de aprovechar mejor su tiempo de práctica. Y ahí es donde se ven las auténticas diferencias entre un@s y otr@s. Pero, ¿es eso talento? Si no lo es, para mí se empieza a aproximar.

Es muy interesante ver que grandes expertos vienen coincidiendo en que la cualidad más importante que debería desarrollar una persona es su capacidad para mantener la atención. Es decir, centrarse en una tarea o poder esforzarse para conseguir una recompensa futura mayor que la que se puede conseguir de forma inmediata (por ejemplo: no hacer el ejercicio de la forma fácil, sino de la forma que me ayudará más en mi desarrollo).
De hecho, ¡mucho ojo a esto!, algunos estudios muy interesantes revelan que la capacidad para mantener la atención es mucho más importante que el coeficiente intelectual a la hora de predecir el futuro éxito de un/a niñ@.

Y ahora me gustaría que volvierais a leer esto último y dejarais que calara bien la idea.

Tira adelante con fuerza y te ovidarás de si tienes "talento" para el rugby o no.

  
Entonces, todo va cuadrando. Entre la observación cotidiana de los entrenamientos y las teorías de los que saben de verdad de esto podemos ir intuyendo lo que creo que deberíamos considerar un auténtico “talento para el rugby”: ni más ni menos que saber centrarse en la tarea durante su entrenamiento. Con lo que estaríamos aprovechando realmente las horas de práctica para poder alcanzar las mágicas 10.000. No hay más.
 Bueno, sí. Hay algo más.Veamos. 

En la receta para el éxito hay en realidad un puñado de ingredientes. Entre ellos, no pretendo negarlo, está también la predisposición natural de un individuo para desempeñarse bien en un deporte. Sin embargo, se trata solo de un punto de partida, y es la combinación de todos los elementos lo que cuenta.
Es cierto, cada cual tenemos una genética, pero también influye el ambiente en el que crecemos (entorno familiar, económico, social…); y ls entrenadors, ls compañers, el club…; influye el tiempo que le dediquemos a la práctica, pero también la calidad de esa práctica; e incluso también influye la suerte, así que fíjate tú.
Que quede claro: las “capacidades innatas” se quedan atrofiadas si no se las pone a trabajar. Desde el sofá de casa nadie ha llegado lejos en el rugby. 

Lo que pretendo aquí es daros mi propia lista de los componentes que determinan el éxito en el rugby (y normalmente en la vida), basada en lo que he podido ir observando desde que entreno a muchach@s. Lo mejor de todo es que la integran solo algunas cualidades que podemos controlar nosotr@s mism@s con algo de práctica:

1. Mantener la atención

Ya hemos hablado de la capacidad para centrarse en la tarea. Es básica. Su carencia la delata, por ejemplo, el hecho de no saber hacer dos gestos sencillos seguidos, aunque sepamos hacer ambos por separado. Y muy importante: no recordar cuál es el criterio de éxito de un ejercicio. Es decir, lo que hay que conseguir hacer para que se considere que ha salido bien. Por ejemplo, cuando queremos hacer el ensayo a toda costa, arrastrando a cinco defensas, pero resulta que en el ejercicio era obligatorio hacer dos pases de 5 metros para dar validez a la marca.

2. Autoexigencia

Explicado en pocas palabras: echarle ganas. Cantidad de veces se pueden ver jugadors que no atrapan un balón simplemente porque no han corrido todo lo que podían para llegar a él. O que optan por “comerse” las esquinas al dar una vuelta al campo… No es que no puedan conseguir hacer las cosas, sino que optan por ahorrarse el esfuerzo.
Esto resulta bastante dramático y destructivo, porque están escatimándose una fácil oportunidad de mejorar. También impiden formarse el hábito, o incluso la ‘memoria muscular’, que tanta falta hará cuando haya que emplearse bajo presión. Además, se están privando de la ocasión de lanzarse un mensaje positivo que tenían al alcance, cambiándolo por uno negativo.
Fijaos todo lo que se provoca a sí mism@ alguien que rechaza hacer ese pequeño esfuerzo, así que la próxima vez obligaos a no guardaros nada: llegad a ese balón, haced las diez flexiones enteras. Veréis como eso hará también que mejoréis en el el apartado que viene a continuación.

Corre todo lo que puedas para llegar y no podrás preocuparte de si tienes "talento" para el rugby o no.

 3. Autoeficacia (4) 
Cuidado aquí. Se trata de la confianza que un/a jugador/a tiene en sus propias capacidades. Las actitudes que delatan falta de autoeficacia y sus consecuencias pueden ser bastante similares a las de la falta de autoexigencia.
Veremos un par de ejemplos de baja autoeficacia:
- Un/a jugador/a que va a intentar un chute a palos, pero dejando bien claro a todo el mundo que apenas se va a esforzar. De esta manera nadie podrá reírse de él/ella por haber “fracasado”.
- Más sutil es cuando está a punto de completar una acción correctamente, pero en el último momento la “aborta” y no consigue culminarla. Por ejemplo: encuadra, golpea con el hombro, va a cerrar los brazos alrededor de las piernas... Y entonces le suelta.

En ambos casos, ls jugadors implicads tienen unas creencias que les impiden tener un buen rendimiento y mejorar. Y los dos son realmente dramáticos. El primero, porque a la creencia de no verse capaz se suma la creencia de que ls demás van a juzgarle y entre ambas lo único que se consigue es estancarse y no mejorar (con toda la rueda de automensajes negativos que también conllevará). El segundo ejemplo es doloroso porque queda claro que sí es capaz, pero su falta de confianza le hace recular justo antes de poder demostrárselo a sí mism@. Y, por supuesto, al no completar con éxito la acción se sentirá más convencido aún que antes de que no es capaz. Un drama.

Ls muchach@s tienen una cantidad de convicciones (a menudo erróneas) incrustadas en la mente que les hacen formarse una imagen de sí mismos y de su relación con los demás. Las creencias pueden ser limitantes o proporcionar oportunidades y es importantísimo que reciban los mensajes adecuados y que también aprendan a darse a sí mism@s mensajes positivos (5). 
Volved a leer también esto último, por favor. Es crucial y el tema merecería ser tratado en profundidad en otras entradas.

4. 'Práctica deliberada'

También lo hablábamos antes: para mejorar no vale con entrenar de cualquier manera, sino que hemos de convertirlo en lo que llaman ‘práctica deliberada’ (aunque yo prefiero llamarla ‘práctica orientada’). Y para poder considerarla así deberá cumplir, al menos, estos requisitos:
- Ha de estar pensada (o diseñada) para mejorar el rendimiento. Esto significa, primero de todo, adquirir ese propósito. Además, probablemente necesitará la guía de un/a entrenador/a y será necesario aislar los elementos específicos que requieran mejora.
- Ha de ser exigente: si nos manejamos dentro de nuestros límites, estos nunca se expandirán. Pero también significa que no ha de ser solo diversión.

Lucha por cada balón para tu equipo y no te plantearás si tienes "talento" para el rugby o no.


Entonces, la cosa queda en que enfocar nuestra atención, exigirnos todo lo que podamos dar, crearnos unas creencias positivas razonables sobre nosotrs misms y entrenar de forma provechosa nos asegurará una auténtica progresión en el rugby. Y, por supuesto, en la vida. ¿Queréis que llamemos esta mezcla “talento? (6)

Pues aún nos queda una sorprendente revelación más.

Resulta que hay una sencilla herramienta que nos facilita conseguir mejorar en estas cuatro capacidades (¡todas ellas!): el establecimiento de objetivos. Puede que a alguien le suene, porque lo tratamos en profundidad en esta entrada. Os sugiero que le echéis un ojo (otra vez, espero) y reflexionéis sobre cómo creéis que los objetivos pueden ayudarnos a conquistar las cuatro dimensiones de lo que aquí hemos definido como talento.

      No perdamos el “norte”


Si todavía hay alguien a quien no le convencen estas cuatro cualidades como sustitución del talento ni nada de nada; que sigue pensando que el talento está ahí y tenerlo o no tenerlo nos determina para los restos; si aún hay gente que piensa que se tiene o no se tiene y punto, aparte de creer que se equivoca, voy a decirle que tenemos aún más buenas noticias.

Pongamos que es verdad. Que hay quien lo tiene y quien no. Que solo algun@s nacieron bendecid@s con unas dotes superiores para el rugby. Venga, voy a hacer ver que estoy de acuerdo por un momento…. Pues aun suponiendo que sí, que existe el talento para el rugby y que solo algún@s lo tienen, hay que decir que no es, en absoluto, necesario.
De hecho, hace un tiempo que circula por internet, y de vez en cuando vuelve a emerger, una lista de "cosas” que no requieren ningún talento. Y no son precisamente tonterías. Espero que estéis preparad@s, porque allá va:

Muestro la lista también en inglés por si alguien aprecia matices que se pierdan en la traducción.

 Como veis, todas estas cualidades nos pueden servir para la vida en general, pero la mayoría también sirven para el rugby (¡qué interesante la número 8!).
Échales un ojo y si sigues creyendo que tú no tienes “eso” que hace falta (llámalo como quieras), te invito a reflexionar: ¿Han de esperarte al comenzar un entreno, o siempre que puedes llegas con tiempo? ¿Muestras buena actitud en lo que haces? ¿Qué tal es tu lenguaje corporal? ¿Das siempre un poco más, o te ahorras algunos esfuerzos?...

Relacionadas exclusivamente con el rugby hay también una serie de acciones más concretas, que tampoco requieren talento, a pesar de ser totalmente fundamentales. Se llaman ‘acciones norte’ precisamente porque ‘NO Requieren Talento Específico’ (NO.R.T.E.) (7). Es decir, que las puede hacer todo el mundo (si le pone ganas). ¿Cuáles son?:
- Correr: no ir andando, sino ir todo lo deprisa que se pueda a donde haga falta.
- Levantarse: no quedarse en el suelo más tiempo del necesario y hacer el esfuerzo de ponerse en pie lo antes posible para ser útil.
- Anticiparse: estar preparads para lo que viene inmediatamente. Hemos comprobado infinidad de veces que ls jugadors ya saben lo que va a ocurrir en los próximos 2 segundos. Sin embargo, la gran diferencia está entre quienes ‘actúan’ ante lo que va a pasar y quienes ‘reaccionan’ ante lo que ya está pasando. Es decir, tomar la iniciativa.
- Recolocarse: donde se pueda ser más útil para el equipo, en vez de remolonear donde poder “esconderse” o quedarse mirando.
- Comunicar: tod@s tenemos boca para hablar y tod@s tenemos la capacidad para gritar para que se nos oiga bien.

¿Y qué significa que ninguna de estas acciones requieran ningún talento? Pues ni más ni menos que si no las hacemos es solamente porque somos nosotr@s quienes elegimos no hacerlas.
¿Te levantas del suelo en seguida para ir a placar a otr@ rival? ¿Vas siempre corriendo a apoyar? ¿Tus compañers oyen bien lo que les tienes que decir?...


Plantéate primero si cumples con los diez puntos de la lista y con las acciones norte. Y si no es así, entonces no puedes decir que el talento existe y que tú no lo tienes.
Ve al campo a entrenar y comienza a aplicarte con todas estas actitudes que no requieren ningún don especial y entonces veremos. Algo me dice que, de repente, empezarás a creer que tienes ese dichoso “talento” para el rugby.


martes, 16 de octubre de 2018

La herramienta 'inteligente' para convertirse en mejor jugador/a: objetivos.

Demasiado a menudo uno se da cuenta de que los avances en la técnica o en la táctica de ls jugadors no se corresponden con los que sería lógico esperar. Pases de escasa calidad, placajes mal intentados... a pesar de dedicarles cierta cantidad de sesiones de entrenamiento.

Esto es consecuencia de múltiples factores. Desde el punto de vista de ls entrenadors, podemos decir que algunos de esos factores, y los hay de profundo calado, están fuera de nuestro control (y ya supone un gran trabajo aprender a convivir con ello). 
Pero hay multitud herramientas que podemos y debemos poner sobre el tapete para mejorar el aprendizaje de ls chic@s. Y posiblemente ls entrenadors seamos más responsables de sus carencias rugbísticas que de sus logros, según el uso que hagamos de esas herramientas.

Sin embargo, son ls jugadors quienes salen al campo a jugar. Por tanto, ell@s también han de poner lo suyo, aunque siempre con nuestra ayuda (incluída la de madres y padres) (1).  

Hoy vamos descubrir y proponer una poderosa herramienta para conseguir que tod@s ls jugadors mejoren aún más sus destrezas. Vamos a hablar de ponerse objetivos individuales. Y más concretamente, de cómo plantearlos para que sean realmente eficaces.

Poca gente, de ninguno de los dos equipos, sale de un partido así habiéndose divertido mucho;
una gran razón para que tod@s nos esforcemos en mejorar.
Tod@ jugador/a debe mejorar en múltiples facetas del juego. Pero 'mejorar' es una palabra demasiado abstracta, amplia, inespecífica,. No es un propósito eficaz para alcanzar alguna meta. Por eso vamos a aprender a plantear objetivos de forma eficiente. 
Y aviso que este sistema sirve también para todo tipo de objetivos personales, ¡como los propósitos de año nuevo!


Hay que resaltar que los objetivos personales ha de planteárselos cada jugador/a. Ls entrenadors han de guiarles en el proceso, pero no han de fijarlos por ell@s. Ha de ser, por lo menos, algo consensuado. 

Para empezar, podemos dividir los objetivos en tres tipos: 
  • Objetivos de resultado. Se centran en el resultado de partidos o competiciones ("hay que quedar entre los tres primeros"), o en comparaciones (con otrs jugadors u otros equipos). A veces pueden ser necesarios, pero no aportan una dirección clara y suelen depender de factores externos que no podemos controlar, por lo que fácilmente conducen a la desmotivación (2).
  • Objetivos de rendimiento. Marcan un "listón" que hay que alcanzar con nuestro desempeño: introducir la mitad de los chutes a palos, reducir el tiempo que tardas en correr 30 metros... Se compite con un@ mism@, ya sea individualmente o como equipo.
  • Objetivos de proceso. Se centran en las acciones específicas para obtener las mejoras en el rendimiento. Por ejemplo: ¿Cómo ganaremos el partido? Anulando a su apertura, obteniendo balones de las melés... ¿Cómo saltaré más en la touch? Con una mejor flexión de las rodillas, potenciando los músculos adecuados... (3)

Deberíamos fijarnos objetivos enfocados al rendimiento y al proceso, como compromiso con nosotros mismos para ser mejores jugadors. Los objetivos centrados en el éxito suelen basarse en comparaciones con otro@s y puede hacer que se eviten objetivos exigentes o desafiantes porque no alcanzarlos se percibe como una humillación.

En todo caso, cualquiera que sea la meta que nos planteemos, haremos bien en formularla en términos positivos y no en negativos. Es decir, fijarnos en lo que queremos conseguir y no en lo que queremos evitar. Por ejemplo: "completar todos los placajes", en vez de "no fallar ningún placaje" (4).


¿Qué clase de objetivos podríamos plantearle a este mocetón? ¿Por qué?

En los países angloparlantes están constantemente revisando los métodos de gestión y han hecho común usar la palabra SMART para referirse a las características que han de tener unos objetivos bien planteados. 'Smart' significa 'inteligente' en inglés, pero también es un acróstico formado por las iniciales (en inglés) de esas características que deben tener los objetivos:  

          Specific               -  específicos
          Measurable          -  cuantificables
          Action-oriented    -  basados en acciones
          Realistic               -  realistas
          Timed                  -  con límite temporal (5)

Vamos a ver qué nos dice cada una y comencemos nuestro proceso:

Específicos


Cuanto más abstracto sea un objetivo, más posibilidades tendremos de no alcanzarlo satisfactoriamente. Palabras como 'mejorar' o 'esfrozarme' no conducen a grandes logros. Los objetivos han de ser claros y concretos para poder concentrar atención y energías. 
Ejemplo:
  • 'Quiero defender mejor' sería un objetivo mal planteado, porque la defensa incluye multitud de aspectos. De todos ellos, podemos empezar contrándonos en el placaje y, tras algunos intentos, concluir qué aspectos más concretos del placaje son los que hay que mejorar, como podría ser la postura de la espalda, la invasión del espacio del rival con la pierna adecuada o la colocación de la cabeza en el contacto.

Cuantificables


Si buscamos mejorar algún aspecto de nuestro juego, en algún momento tendremos que evaluar nuestro progreso. Eso solo podrá hacerse correctamente si podemos medir de alguna manera la mejora: la cantidad de placajes realizados, la distancia que alcanzan los pases, el tiempo que tardamos, la altura que saltamos... Si no puedes medir tu progreso, entonces no puedes gestionarlo. Siempre que se pueda, hablemos de cifras.
Ejemplo:
  • Una de las preocupaciones del equipo tiene que ver con la recuperación del balón. Entonces, podemos ponernos como objetivo recuperar al menos tres balones cada partido. O un balón más cada partido, hasta llegar a un nivel satisfactorio (que también ha de cuantificarse). 

Acción


Nuestro enfoque será que cualquier objetivo que nos pongamos ha de incluir también el CÓMO vamos a lograrlo. Debemos tener claro el trabajo que implica llegar al punto que deseamos y también cuáles son los puntos intermedios en el camino para conseguirlo.
Ejemplo:
  • Queremos aprender a mantener la posesión del balón en el contacto. Podemos comenzar aprendiendo a usar nuestro cuerpo para percutir sin perder el balón;  después, a intentar mantener el avance; y luego a aprender a ir al suelo en mejores condiciones; etc. Y siempre teniendo claro que necesitaremos un gran desgaste físico y una actitud positiva ante el contacto.

Gran determinación la del joven jugador que protagoniza estas acciones.
No le conocemos, pero sabemos que debe de darlo todo también en los entrenamientos.

Realistas


Un objetivo realista es el que nos resulta exigente pero no imposible de alcanzar. Si es demasiado fácil nos aburre. Pero si es imposible nos desmotiva. Así pues, debemos conocer nuestras capacidades para saber a dónde podemos llegar y exigírnoslo. Además, debemos ser flexibles y dar un cierto margen a nuestras metas, de forma que permitan algún error, pero también contemplen un rendimiento especialmente notable. La variabilidad de factores fuera de nuestro control puede ser muy grande y también hay que tenerlo en cuenta.
Ejemplos:
  • Si el nivel del equipo rival es muy superior al nuestro, el objetivo puede no ser el de vencerles, pero sí el de conseguir un punto bonus (6). O si su nivel es inferior al nuestro podemos centrarnos en conseguir que el rival no consiga puntos bonus
  • Si alguien consigue hacer pases "normales" que alcanzan una distancia de 5 metros, bien puede proponerse llegar a entre 8 y 10 metros cuando aprenda a hacer el spin.
  • Mejor plantearse conquistar entre el 50-70% de las melés de un partido que apuntar a una cifra concreta.

Temporizados


Tenemos que marcar los tiempos a nuestras metas. ¿Cuándo vamos a lograrlo? ¿Durante cuánto tiempo? Algunos objetivos han de alcanzarse a lo largo de toda una temporada, mientras que otros hay que conseguirlos en un microciclo o durante un partido. Se trata de ponerle plazos (realistas) a nuestras metas para controlar mejor el progreso.
Ejemplos: 

  • Al final de la temporada tenemos que saber jugar con nuestro sistema de ataque.
  • En este partido voy a hacer entre 10 y 15 placajes.
  • Durante el próximo entreno mejoraremos nuestras líneas de carrera.

¡Cada pequeño esfuerzo cuenta!

Con todos estos factores en mente podemos empezar a plantearnos objetivos, tanto individuales como de equipo. El proceso continúa evaluando los resultados obtenidos y reformulando los objetivos en función de lo logrado. Es decir, siempre estará en marcha.
Pero no conviene centrarse en demasiadas cosas de golpe. Es mejor comenzar con un par de objetivos sencillos, que nos permitan obtener una sensación de logro que nos motivará para seguir alcanzando nuevas metas.

Os recuerdo que ls entrenadors guiarán y ayudarán en todo lo posible a ls jugadors que estén interesad@s en ponerse a ello y sería ideal si antes de empezar parten ya con algunas ideas propias sobre aspectos a mejorar.

Es posible que al principio no aprecien la necesidad o las bondades de ponerse metas concretas, mesurables y alcanzables, pero lo notarán en los resultados. 

Y no hay que olvidar que, como decíamos más arriba, se puede y es muy útil aplicar el modelo SMART a cualquiera de nuestros pequeños o grandes propósitos en la vida.
¿Y cuando hayamos alcanzado nuestro objetivo? Pues entonces vemos cuál es el siguiente paso, pero ya habremos adquirido unos hábitos que nos harán imparables.

Ay, ¡a ver si me lo aplico yo mismo! ☺️ 



martes, 14 de agosto de 2018

El rugby se hace grande: cambios en sub-14 (I)


Como bien sabéis, cada nueva categoría a la que acceden lxs jugadorxs por su edad van incorporando novedades en el reglamento y van acercándose cada vez más al "rugby adulto". Sin embargo, el paso de sub-12 a sub-14 marca el salto más drástico en esta evolución. 
Los cambios más obvios, los que no se le escaparán a ningún/a espectador/a, son los relacionados con el tamaño del campo y el número de jugadorxs, pero hay bastantes más. Algunos tienen que ver con el juego en sí y otros, con lo que lo rodea.
Es cierto que un artículo como este puede no parecer muy necesario a lxs jugadorxs y padres y madres que llevan ya un año en la categoría, pero a la otra mitad del equipo le será de utilidad. 
Además, a lxs veteranxs también les viene bien tener aquí clarificadas las singularidades del rugby que viviremos esta temporada, no vaya a ser que no se acuerden =)

Y si alguien detecta más elementos nuevos (y con cierta relevancia) que haya pasado por alto, ¡que no dude en comentarlo!


Tamaño del campo y cantidad de jugadorxs


Estos cambios saltan a la vista, pero ya veréis que traen consigo otras implicaciones. Se pasa de jugar en medio campo a jugar en el campo completo, lo cual en sí ya es una diferencia muy sustancial. Y esta ampliación significa también que hay variaciones en algunas distancias que suponen tener que adaptar nuestra técnica y/o fuerza para tener éxito (1). Por ejemplo:
  • El alineamiento para el saque de lateral (también llamado touch, o lineout) se sitúa a entre 5 y 15 metros de la linea lateral (antes era entre 2 y 7).
  • Al hacer el saque inicial, o tras cada marca, el balón ha de superar la distancia de 10 metros (antes eran 5).


También, al jugar en todo el campo, pasan a activarse todas las líneas del mismo, mientras que antes solo importaban y se señalaban las del área de juego (es decir, el campo de juego + zonas de marca). Así que ahora vamos a tener el lujo de una línea de medio campo y las que delimitan la zona del formación de la touch, entre otras. 
Además, ahora las distancias se cumplirán a rajatabla, al contrario que en la escuela, donde todo era mucho más laxo.

Líneas y zonas (de nombre bastante intuitivo) de una cancha de rugby a partir de sub-14. 
Tengo curiosidad por ver quién intenta hacer una marca en la línea de 5 metros. ¡Un clásico!

Y al ampliar el campo y disponer de líneas se incorpora a nuestro rugby un concepto nuevo (que ya explicaremos mejor): la zona de 22, que es donde hay que apretar más en defensa o en ataque y en la que se aplican algunas singularidades del reglamento que deberemos aprender.

Las nuevas medidas acarrean otra serie de consecuencias relacionadas con el juego. Ahora los recorridos serán más largos, por lo que habrá más fatiga y más espacios para defender, dos circunstancias que hacen más necesaria la cooperación. También por el hecho de que ahora lxs jugadorxs podrán coger mayor potencia de carrera, dificultando los placajes si no hay una buena organización.

Otra clave del nuevo tamaño de la cancha es que será necesario aprender a hacer pases más largos. Es decir, tendrá mucha más relevancia el spin y otros pequeños gestos técnicos que hacen posible dar un mayor alcance a los pases (2). Del mismo modo, la apertura de mayores espacios propiciará que adquiera más relevancia el juego al pie (chutes en el juego abierto).

Pasaremos a jugar con 15 jugadors sobre la hierba, en vez de 11. Sin embargo, no es tan importante el incremento numérico como el hecho de que a partir de ahora cada muchach@ pasará a tener una posición concreta.
La última temporada solo hacíamos uso de medio-melé, zaguero y alas, mientras que el resto de jugadors se distribuían por el campo con criterios bastante laxos. En el futuro el equipo estará dividido entre "delanteros" (del 1 al 8) y "tres cuartos" (del 9 al 15) y cada individuo tendrá unos cometidos propios durante el juego. Este será uno de los grandes rasgos diferenciadores de la nueva temporada. Rugby de verdad.

Por otro lado, los partidos de sub-14 duran 60 minutos divididos en dos mitades. No es una gran diferencia respecto a la anterior categoría, donde se recomendaba un acumulado de 60 minutos entre todos los partidos de la jornada, pero sí que aumentará la exigencia física. Esto será a causa, entre otros elementos, ¿de qué? Correcto, del mayor tamaño del terreno de juego ;) Así pues, este año comenzaremos a trabajar el condicionamiento físico para hacer frente a las exigencias del juego.


Las formaciones fijas


La melé pasa a ser de ocho jugadores (es decir, se incopora la tercera línea) y, además, ahora ya habrá impacto y empuje. 
Básicamente se diferenciará de la melé de los adultos en que solo se podrá empujar, como mucho, un metro hacia atrás al equipo rival. También, en que con el empuje no se podrá hacer girar al equipo contrario, aunque esto aún está por confirmar (3).
Ya en la categoría anterior disputaban el talonaje del balón, pero tampoco está claro si podrá hacerlo cualquier jugador de la primera línea (como ocurre en el rugby adulto). De ser así podremos tenerlo en cuenta para conseguir alguna ventaja.

Así quedará formada una melé de sub-14 en adelante.
También se podrá presionar al mediomelé cuando saque el balón, pero esto ya lo permitían antes en la mayoría de lugares. 
L@s jugador@s que no participan en la formación de la melé seguirán poniéndose en una línea a 5 metros de distancia, como hasta ahora.

En cuanto a la touch, además de lo mencionado más arriba, el principal cambio en el saque de lateral consistirá en la cantidad de jugadors que compondrán la formación: ahora la marcará en cada ocasión el equipo que efectúe el lanzamiento, con un mínimo de dos. Recordamos que hasta ahora esa cantidad era fija (cuatro en línea, más lanzador/a, más receptor/a), 

Aquí también se incrementa un poco la distancia a la que debe ponerse el resto de jugadorxs, pasando de 7 a 10 metros y dando algo más de ventaja al ataque.

Y este es el aspecto que tendrá una touch justo antes de realizar el saque.

La touch de sub-14 solo se diferencia de la adulta en que todavía no se podrá levantar a lxs jugadorxs para poder atrapar el balón en el saque.

Al margen del reglamento, estas fases de conquista pasan a tener un gran valor estratégico y psicológico, pues proporcionan balones para usar en buenas condiciones y, además, dominar este aspecto del juego tiene un gran efecto desmoralizador en el equipo rival.




Formas de marcar puntos


De las cinco formas que hay en rugby de conseguir puntos, hasta ahora solo podíamos hacer uso de una: el ensayo (también llamado "marca" o "try"), que a partir de ahora valdrá cinco puntos de verdad. 
Se podrá conceder también un "ensayo de castigo" (o "try penal") cuando el juego sucio de un equipo impida al otro marcar.

El resto de nuevas formas de puntuar consiste en chutar a palos (4). Efectivamente, a partir de sub-14 esas grandes haches que adornan y caraterizan nuestros campos pasan a tener utilidad y conseguiremos puntos si nuestros pateos pasan entre los dos palos verticales y por encima del horizontal. Hay tres tipos de chutes:
  • De golpe de castigo: se para el juego y el balón (generalmente) se coloca en el suelo donde se ha cometido la infracción. Si entra vale 3 puntos.
  • Drop: sin que pare el juego se efectúa un chute de bote-pronto. Si entra vale 3 puntos. Se suelen ver pocos.
        
Seguramente, el drop más famoso de la historia del rugby: Jonny Wilkinson rompe el empate
contra Australia en los últimos minutos de la final del mundial de 2003.
Gracias a él Inglaterra se llevó la única Copa Webb Ellis que ha conseguido
una selección del hemisferio Norte.

  • Conversión: conseguir un ensayo otorga a un equipo la posibilidad de un chute a palos con el juego parado. Puede ponerse el balón en el suelo o chutarlo como un drop y supone 2 puntos más si entra.
Es muy importante saber que el lugar donde se efectúa el chute de conversión depende de en qué lugar de la zona de marca se consiga posae el balón: el pateador podrá elegir cualquier distancia desde el punto donde se ensayó hacia atrás en línea recta para colocar el balón, con la finalidad de obtener mejor ángulo. Así pues, debemos aprender cuanto antes a llevar el balón "bajo palos" al hacer el ensayo, para darle todas las facilidades a nuestrxs pateadorxs.

Con estas nuevas formas de conseguir puntos a nuestro alcance, sumado a la mayor relevancia que tendrá el juego abierto con el pie, es fácil comprender que cobrarán importancia las skills (destrezas) relacionadas con los chutes y entrará en escena la figura del/la "especialista" en estos lances del juego, uno de los aspectos más atractivos del rugby.  


Infracciones


Los errores técnicos que hasta ahora se sancionaban con una melé en contra (si se cae un balón hacia delante o si no conseguimos avanzar con nuestro maul, por ejemplo) seguirán teniendo las mismas consecuencias. Sin embargo, mientras que antes no había distintción entre las acciones sancionadas con "golpe", ahora se empieza a distinguir entre "golpe de castigo" y "golpe franco" y conocer las diferencias entre uno y otro va a ser del todo necesario (5).

Además, tras un golpe decretado por un/a árbitr@ en la escuela el equipo infractor debía retroceder 5 metros, en tanto que ahora deberá retroceder 10 metros antes de entrar en juego, ya sea en un GC o en un GF.

Sin pretender ser exhaustivos, se sancionan con golpe de castigo (GC) las infracciones "graves", como los fueras de juego, el juego sucio o peligroso o el balón retenido por un/a jugador/a que esté en el suelo; y se otorga un golpe franco (GF) cuando el equipo rival comete alguna falta relacionada con una técnica pobre, como por ejemplo no colocarse correctamente en una melé, en una touch, en un ruck o en un maul o hacer creer al equipo rival que el balón ha salido de esas formaciones (6). También se sancionan con un GF las pérdidas de tiempo.

Por otra parte, las expulsiones de jugadors, ya dejan de ser "educativas" y no sancionan solo a un/a jugador/a, sino a todo su equipo. Es decir, l@s expulsad@s ya no serán sustituíd@s, sino que su equipo pasará a estar en inferioridad numérica
Y, claro, entran en escena las tarjetas del árbitro. Recordad: la amarilla supone 10 minutos de expulsión y con la roja esta es definitiva.

Teniendo en cuenta la cantidad de reglas que surgen o que cambian este año (además de lo que supone recibir una tarjeta) nos tomaremos, aún más que antes, el conocimiento del reglamento como una skill más, ya que puede otorgarnos una ventaja táctica considerable. Como digo: tan importante como saber hacer un pase o un placaje.


Hasta aquí he descrito las novedades del rugby de nuestra nueva categoría que hacen más referencia a los aspectos técnicos. En otra entrada (espero que pronto) comentaré sobre lo que rodea al juego, lo que tiene que ver con aspectos más mentales, como la filosofía propia o la preparación.
Si tenéis alguna duda que pensáis que pueda resolveros o creéis que me he dejado algún tema del que escribir, ¡por favor sentíos libres para comunicármelo!






(1) Para quien aún no esté muy puest@ en este deporte, las dimensiones de un campo de rugby son equivalentes a las de un campo de fútbol.

Aquí solo pretendo comentar cambios significativos respecto a algunas normas. Para hablar del reglamento de forma que todo el mundo pueda entenderlo ya tendremos otras entradas, en las que también explicaremos la utilidad de cada una de las líneas del campo.

(2) El spin (que significa "giro" en inglés) consiste en el movimiento rotatorio del balón simulando el de una bala. Con ello se consigue que el proyectil (en este caso el balón) cubra una distancia más larga y con mayor precisión. 
Veo con cierto agobio cómo muchxs jugadorxs, cuando aprenden a realizar este tipo de pase, lo usan en todas las circunstancias. Esta será una costumbre que deberemos reeducar, ya que SOLO debe usarse para llegar a un objetivo lejano. 
Un motivo es que para distancias cortas, donde se requiere más inmediatez, se pierde demasiado tiempo en praparar el balón en las manos para poder hacerlo rotar. Otro es que la fuerza que se le da al pase lo hace difícil de controlar por l@s compañer@s (con lo que el oval suele acabar cayendo hacia delante y nos pitan melé en contra).
Para las cortas distancias lo adecaudo es un pase pop, colgadito, con suavidad. Y bien lo saben ell@s.

(3) Hasta la temporada pasada (2017-18) la categoría de sub-14 se ceñía a las normas del "rugby gradual", como aún siguen haciendo las escuelas (es decir, de sub-6 a sub-12). Con ese reglamento la transición al rugy adulto se hacía algo más suave, recortando 10 metros el ancho del campo y con solo 13 jugadores. Sin embargo, aún no he conseguido hacerme con una copia del reglamento nuevo y, por las respuestas de gente implicada, llego a dudar de que se haya publicado uno. De ahí que dude con algunas normas.

(4) No son "porterías". Se les llama simplemente "palos" (todo muy intuitivo, como los nombres de las líneas). En el rugby de escuela no se usan.

(5) Aunque creo que me estoy excediendo en los detalles, ahí van ejemplos:
  • En un GF no se puede chutar directamente a palos para conseguir puntos, pero sí en un GC.
  • Si un GC se chuta a touch (fuera del campo) el consiguiente saque de lateral tendrá lugar en el punto donde el balón haya salido (ya sea directamente o rebotando en el suelo) y lo efectuará el equipo que ha pateado. Sin embargo si en un GF se patea a touch, el saque lo realizará el equipo rival, y a la altura del punto desde donde se chutó en caso de que salga directamente fuera.
  • Al patear un GC el equipo rival no puede "cargar" (bloquear) el chute, pero sí se puede cargar contra un GF e incluso intentar placar a quien patea. 

(6) Para madres y padres nuev@s (y para algunxs veteranxs, me temo) estos dos últimos términos son definidos brevemente en otros lugares de este blog, pero espero poder escribir más ampliamente sobre ellos en futuros posts.
Precisamente, circula estos días por internet un video  en el que se ve (a cámara super lenta) a un medio-melé simulando que saca el balón de una melé para atraer a los defensas hacia la derecha, mientras el 8 coge el balón y entra por la izquierda consiguiendo una marca. Tiene pinta de ser una acción bastante ilegal y no mola que se viralicen ese tipo de florituras, porque luego ls chavalxs quieren emularlas, prescindiendo de acciones más efectivas pero menos efectistas. 


lunes, 12 de febrero de 2018

Estructura de la sesión de entrenamiento en sub-12.

La mayoría de l@s que ahora entrenamos a jóvenes al principio comenzamos utilizando con ell@s la misma "metodología" con la que aprendimos nosotr@s el rugby. 
Cuando llegué al club para ayudar a entrenar a chaval@s también lo hacía así: aplicaba lo mismo que había visto como jugador, no porque creyera que fuera lo mejor, sino porque no conocía otra forma.
Afortunadamente, vamos aprendiendo algunas cosas y los tiempos de la vieja escuela van quedando atrás en cuanto a dos grandes aspectos, como la estructura de la sesión de entrenamiento y, digámoslo así, la pedagogía para el aprendizaje deportivo.

De lo que toca hablar hoy es de lo primero, la estructura: los elementos que suelen componer un entreno en sub-12. No se trata de un esquema fijo (al final hablamos de algunas variantes), sin embargo, sí es una fórmula que nos acerca al éxito y su aplicación mejorará con la experiencia (1).


TEMA

Para empezar, una sesión de entrenamiento va sobre un único tema (o dos, como mucho). Es decir, solo se trabaja un aspecto del juego: avanzar, placaje, evasión, etc.
En realidad es imposible trabajar solo una cosa, porque muy difícilmente se encuentran componentes del juego totalmente aislados del resto, pero queda claro que el foco se pone en uno. Y este puede llegar a ser muy concreto, como por ejemplo, el contrapié, si se trata de un aspecto que esta resultando especialmenete difícil de asimilar, o por otras causas.

Antiguamente eran comunes las sesiones con un poco de pase, un poco de placaje, un poco de ruck... Estoy convencido de que no es una manera eficiente de trabajar. Entre otras razones, porque cada uno de los elementos debería trabajarse de forma integral (como veremos después), practicando tanto la técnica como la toma de decisiones en cada uno de ellos.

¿Y cómo se elige el elemento a trabajar en la sesión? Pues debería depender de la planificación. En sub-12 esta va por trimestres y dentro de cada trimestre (o mesociclo) normalmente dedicamos un día de la semana al movimiento del balón y el ataque y otro a la "conquista" del balón. Si no hay trobada, el sábado solemos reforzar lo que haga falta según los objetivos marcados.
Realmente, no me parece adecuado ponerse a entrenar lo que ha salido mal en el último partido, ya que estamos formando jugador@s a largo plazo y deberíamos priorizar los aspectos básicos e ir trabajando sobre ellos una vez asentados, siempre de acuerdo con esa planificación previa (2).


ACTIVACIÓN

Creo que fue una de las primeras cosas que cambié en la forma de entrenar a l@s chaval@s. En vez de hablar de "calentamiento" hablamos de "activación", porque esta incluye la preparación tanto física como mental para la sesión. 
Solemos comenzar con juegos porque con ellos se alcanza una buena intensidad y porque permiten ejercitar todo tipo de habilidades rugbísticas en una sola actividad.

Normalmente, si hay jugador@s en el campo antes de que lleguemos l@s entrenador@s, nos gusta que ya estén calentando con un tocata (rugby sin placaje). A veces dejamos que continúen, variando alguna regla para que sirva ya para lo que se va a trabajar después. Si no, un juego que usamos muy a menudo para activarles es nuestro "Cuadrado de la Muerte" (3). Si lo habéis visto sabéis que sobre todo potencia el manejo y el movimiento rápido del balón (espero que se contagien de esta obsesión), la protección del balón, el contacto y, muy especialmente, la activación mental (por eso lo usamos también antes de los partidos).
Pero, aunque este lo usamos porque nos viene bastante bien para nuestros propósitos, no es que sea un juego más extraordinario que el resto. Con cualquier otro l@s niñ@s también pueden trabajar un montón de elementos y lo hacen divirtiéndose, por lo que además le meten intensidad. 

Se dice que alguien que observe un entrenamiento debería ser capaz de saber de qué irá la sesión solo viendo la activación. Esto es porque, como hemos dicho, solo se trabaja en profundidad un tema por sesión y porque la activación física y mental debería ir enfocada específicamente a preparar a la muchachada para trabajar ese tema.
Así pues, aunque usemos el "Cuadrado de la Muerte" innumerables veces, siempre cambiamos algunas normas, para que sirva de adaptación a lo que vamos a trabajar después.
Y si no usamos el Cuadrado, usamos cualquier otro juego. O tocatas, con normas que varían según las necesidades del entrenamiento (4).

El tiempo de "calentar" haciendo las típicas líneas de pase ya pasó a la historia. Es aburrido para l@s niñ@s, por lo que se hace sin motivación y tampoco provoca una activación mental. Además, solo se trabaja el pase, pero de una forma totalmente irreal que no sirve para la adquisición de una destreza (5).

Y de dar una vuelta o dos trotando alrededor del campo mejor no hablemos... ¡Pero qué bien viene cuando no te ha dado tiempo a preparar el espacio para la sesión! =)


SITUACIÓN PROBLEMA

Básicamente, se trata de plantear un juego o un ejercicio en el que se evidencie la necesidad de trabajar aquello de lo que va a tratar la sesión: si va a ir sobre pases largos se plantea una actividad en la que solo se tendrá éxito gracias a la ejecución de ese tipo de pases, por ejemplo, ampliando las distancias entre compañeros. Es como la revelación que justifica la sesión que va a comenzar.

Este es uno de los dos aspectos más complicados para mí al preparar una sesión. A menudo me supone un auténtico quebradero de cabeza encontrar o diseñar el ejercicio más adecuado para que l@s propi@s jugador@s "descubran" que deben mejorar unas habilidades concretas y practicarlas en el entrenamiento. 

A veces usamos el mismo juego de la activación, con sus normas modificadas, para evidenciar el problema que la sesión nos ha de ayudar a solucionar. Algunos ejemplos: movimiento rápido del balón, recepción y pase en carrera, gestión de los agrupamientos... 


EJERCICIOS ANALÍTICOS

Nosotros solemos pasar a esta parte sin practicar antes ninguna situación pedagógica (después se explica en qué consisten), aunque vamos a intentar modificarlo.
Los ejercicios analíticos son aquellos en los que solo se practica el gesto técnico y muchas veces se pueden ejercitar de forma individual, como cuando se trabaja un contrapié con conos o el placaje a uno de los tubos. 
Otras veces se necesita a algún/a compañer@, como cuando hay que entrenar el pase y recepción (es complicado que un balón de rugby te vuelva solo) o cuando hay que placar a un rival "de verdad". Pero en todo momento lo que van a hacer está establecido con anterioridad: va a recibir mi pase y me lo va a devolver; va a caminar por mi derecha y yo le espero aquí para derribarle; le alejo del balón con el hombro, pero sé que no me lo disputará porque lleva un escudo... y así.
En definitiva, el jugador no toma decisiones aquí. Solo progresa en la ejecución técnica, adquiriendo una mecánica adecuada en los movimientos.


SITUACIONES PEDAGÓGICAS

Una de las partes más importantes de una sesión de entrenamiento. Se trata de ejercicios que involucran a un grupo reducido de jugador@s en acciones aisladas del juego donde hará falta la técnica practicada en los ejercicios analíticos previos para tener éxito. Aquí ya hay un ataque y una defensa y se modifican todas las variables (espacio, tiempo, jugadores en cada bando, tipo de defensa, etc.) para adecuar las situaciones a lo que se ha trabajado.
La situación pedagógica básica sería un uno contra uno (1v1) y, a partir de ahí, se puede dar todo tipo de combinaciones: dos contra uno (2v1), un atacante y otro que se incorpora contra un defensa (1+1v1), 3v1, 3v1+1+1, 3v2... Y así.

A estas situaciones se las llama "abiertas" (las analíticas son "cerradas") porque se dispone un planteamiento de salida, pero su desarrollo y final no están establecidos de antemano, sino que dependen de las decisiones que tomen l@s jugador@s
El aprendizaje aquí está en la TOMA DE DECISIONES: el hecho de tener a un/a oponente ejerciendo presión nos obliga a "pensar" y esto es lo que nos permite transformar la simple técnica adquirida en skill (destreza). 
Es pura matemática:
TÉCNICA + PRESIÓN = SKILL

Solo la técnica no nos vale para nada en un partido de rugby. Ya dije en otro post que todo entrenador, sea cual sea su estilo, aspira a que sus jugadores "piensen", es decir, que tomen en todo momento la decisión más adecuada sobre qué hacer, cómo y cuándo a lo largo de un partido. Esto se consigue a base de plantear este tipo de situaciones (es decir, abiertas) en los entrenamientos.


El maestro David Carreras ideó (y registró) este "ecualizador" con el que controlar los parámetros requeridos al diseñar
ejercicios (drills) de rugby. Tenerlo en mente resulta muy útil para adaptarlos sobre la marcha.


Cuando sabes qué es lo que quieres trabajar en un entrenamiento, es fácil recopilar unos cuantos ejercicios o juegos sobre el tema. Si consultas internet tienes un millón a tu alcance. Pero, para mí, la otra cosa más complicada a la hora de preparar la sesión es conseguir establecer una evolución en los ejercicios (cerrados y abiertos) lo más adecuada posible. Entiendo que no sea algo especialmente arduo, pero a veces cuesta encontrar la selección "perfecta" de entre todos los ejercicios que pueden barajarse.

Un apunte: en los ejercicios debemos tener cuidado de que no se formen colas demasiado largas de jugadores que esperan entrar en acción, porque matan la activación en todos los aspectos. Por eso intentamos tener dispuestos varios espacios para, si es posible, que tod@s l@s jugadores estén ejercitándose a la vez o con una espera adecuada para la recuperación tras el esfuerzo. 


JUEGO (MODIFICADO)

Después de asumir la necesidad de mejorar algún aspecto de nuestro juego, de ejercitarlo técnicamente y de poner esa técnica a prueba bajo presión en situaciones condicionadas, ahora es el momento de trasladar lo aprendido durante la sesión a una situación de juego lo más real posible. Aquí participa todo el equipo en un partido simulado, modificado por necesidad (por ejemplo, sin melés o touches por falta de jugadores o tiempo) o por interés, modificando algunas normas para potenciar el uso de lo que se ha trabajado durante el entrenamiento.

No hará falta decir que resulta muy gratificante apreciar cómo durante este "partidito" aplican con éxito lo practicado durante la sesión, aunque no ocurre tantas veces como desearíamos.


FEEDBACK

Al principio y al final se da feedback sobre el entrenamiento en nuestro "círculo sagrado".
La primera vez (preferiblemente antes de la activación) se explican los objetivos de la sesión y se introduce o recuerda algo de teoría necesaria. También se comentan cosas de otros entrenos o partidos.
En la recapitulación final se repasan los contenidos de la sesión y los conceptos aprendidos. Antes de una trobada se dan algunas instrucciones y se explican los objetivos concretos para ese día (6).


VARIACIONES

El tipo de sesión que se ha descrito aquí está basado en un modelo "todo-parte-todo", en el que se empieza por lo general, se pasa a lo más concreto y se acaba con lo general otra vez.
Pero hay otros modelos o variaciones de este. Por ejemplo, un esquema "todo-parte-todo-parte..." en el que, tras una activación se pasa al juego modificado que se irá interrumpiendo a lo largo de la sesión con diversos "talleres" más analíticos o pedagógicos para potenciar aspectos del juego que se vea más necesario potenciar.
De hecho, es probable que tiremos de este modelo más a menudo en las próximas semanas, procurando transferir inmediatamente a situación de partido algunas habilidades. En ocasiones, casi más como una "adaptación" que como un auténtico aprendizaje (7).

También variamos el esquema de la sesión para poder practicar fases estáticas de conquista (melés, touches y los saques) u otras situaciones de partido.

Otro tipo de sesión que nos ha dado buenos resultados (aunque casi nunca usamos) es el de basarla en un partido de rugby al que se le van cambiando las reglas en función de lo que haga falta potenciar. Por ejemplo, prohibiendo u obligando a ciertos tipos de acciones: no correr de lado, marcar tras al menos tres pases, no placar por encima de la cintura...
En realidad no estoy plenamente convencido de que sea un buen recurso didáctico, pero las poquísimas veces que lo hemos usado ha funcionado bastante bien. 

Y en general, ya se sabe que según cómo desarrollándose el entrenamiento puede verse la necesidad de irlo modificando sobre la marcha. Así que ni modelo, ni esquema. A improvisar.


Para terminar voy a hacer hincapié en que lo que acabo de describir es solo un marco teórico, una pauta. No quiero caer en el error común de creer hacer algo bien solo por el hecho de (creer) saber cómo se hace. De la teoría a la práctica hay un mundo y aún falta mucha experiencia por acumular, por lo que todavía queda mucho margen de mejora.
Es más, el simple hecho de revisar y poner en orden las nociones aprendidas sobre el diseño de una sesión ha provocado que empecemos a aplicar unas cuantas correcciones en los próximos entrenos.

En fin, si está bien como teoría, sacarle todo el provecho en la práctica ya será la leche. Aunque para entonces puede que ya conozcamos teorías mejores.



(1) Cada maestrillo tiene su librillo y cada cual sabe lo que mejor conviene a su equipo, así que lo que explico aquí solo es lo que nosotros aplicamos en sub-12 y está dirigido, principalmente, a padres, madres y jugador@s de sub-12.
Si en algunos momentos comparo la metodología de la nueva escuela (que tampoco es tan nueva) con la que se solía usar es solo para entender por qué la adoptamos en nuestro equipo.
Por eso mismo invito a cualquier entrenador/a o aficionad@ que lea estas líneas a debatir el asunto y/o a mostrarme otras metodologías que desconozca.

(2) Aun así, es bueno un cierto equilibrio entre el corto y el largo plazo. Si, por ejemplo, no hay que volverse loc@s con las melés en las trobadas, pero sí podemos dar algunas claves para que vayan desarrollando una melé más fiable hasta el día en que toque entrenarlas de verdad.
Sobre la planificación de nuestra temporada y sus ciclos no me extiendo aquí, porque está planeado tratarlo en profundidad en otra entrada. Y también espero hablar de lo que entendemos nosotros por "conquista".

(3) Que no os asuste el nombre, ¡no es realmente un cuadrado! :P

(4) Eso sí: no tengo claro que alguien pueda distinguir fácilmente de qué ira nuestra sesión observando solo la activación.

(5) Esto no quiere decir que nosotros NUNCA lo usemos, pero si lo hacemos es solo brevemente dentro de los ejercicios análiticos (que luego veremos) para coger una mecánica de movimientos. Pero lo consideramos una excepción.


(6) Ya sabéis que a veces nuestros Círculos Sagrados tienen una duración algo excesiva (y eso, siendo generoso conmigo mismo)
. En gran parte es por las ganas que tengo de hablarles de mil cosas a l@s chic@s (y creo que ya traté algo de eso en otra parte), pero otra importante razón la trataremos en otra entrada.

(7) Para mí, la adaptación se diferencia de la activación en que se enfoca a habilidades concretas. Mientras que usamos la activación para llegar a un punto de "intensidad" física y mental adecuadas, la adaptación pretende facilitar las funciones psicomotrices o mentales necesarias para un determinado objetivo, sin buscar aprender o mejorar ningún elemento técnico o táctico. 

Por ejemplo: juegos con las manos para facilitar el posterior manejo del balón; ejercicio de cuclillas para facilitar que en la siguiente actividad se baje el centro del gravedad del cuerpo (para placar, por ejemplo); juegos de asociación con compañeros; juegos de toma rápida de decisiones... aunque no tengan nada que ver con el rugby.