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lunes, 4 de mayo de 2020

Ganar perdiendo. Perder ganando.

Solo hacía unos pocos meses que habíamos pasado a la categoría alevín y ya parecían una lejana ilusión los tiempos en la escuela del club. Esto se debía al gran salto que se produce en el rugby a esa edad, con tremendos cambios en muchos aspectos. Entre ellos, el que motiva una entrada como esta tiene que ver con el hecho de participar por primera vez en una liga. Y es que no se puede negar que pasar a tener un marcador y una clasificación le da otro aliciente al trabajo de cada semana. En la escuela te diviertes, pero compitiendo tienes otro gusanillo, incluso aunque el objetivo principal siga siendo la formación de ls jugadors.


     Sin embargo, la cosa degenera cuando ese "gusanillo" se vuelve en presión por ganar y hace que ls entrenadors olvidemos nuestras auténticas responsabilidades para con nuestrs deportistas. Tristemente, está muy arraigada la idea de que solo quienes se imponen sobre sus rivales son ganadors, pero la auténtica desgracia se da cuando ls encargads de formar a ls jóvenes nos contagiamos de esa estrechez de miras y se la transmitimos a ell@s, incluso aunque estemos en escuela y no disputemos ninguna competición. 
     Y tengamos esto claro: lo que ls entrenadors creamos se lo transmitiremos inevitablemente a nuestrs jugadors. (1)

     Por supuesto que no hay que engañar a nadie: a tod@s nos gusta la victoria, pero deberíamos creer en otros logros más enriquecedores. Y si nos cuesta centrarnos en ellos haríamos bien en hacernos esta pregunta:

¿Por qué quiero que mi equipo gane?

Probablemente esta simple pregunta saque a relucir algunas disonancias de las que quizás ni éramos conscientes, y nos ofrezca otra perspectiva. Pero si seguimos sin verlo claro, entonces planteémonos esta otra cuestión:

¿Qué estoy dispuest@ a sacrificar para ganar?

Si hemos necesitado la segunda pregunta, posiblemente necesitemos también la aclaración de que los sacrificios que aquí son relevantes tienen que ver con la calidad de la experiencia que proporcionamos a ls muchach@s. Porque recordemos que esto todavía es rugby: ese deporte con tantos valores de los que tanto presumimos tantos, aunque tantas veces sean tan ignorados.


EL MARCADOR Y MUCHO MÁS

  
     Clive Woodward  fue el entrenador que en 2003 llevó a la selección inglesa a ser la única del hemisferio norte que ha conseguido la Copa del Mundo de Rugby.
     Pero incluso con ese objetivo en mente (sin duda, el mayor de los triunfos), Woodward consideraba que un equipo puede vencer a su rival y, aun así, no haber conseguido una auténtica victoria. Y basado en esta filosofía creó un baremos para evaluar si su equipo conseguia 'ganar' o '¡Ganar!' (la mayuscula y los signos de admiración, puestos por él mismo).
Sir Clive Woodward mostrando a 'Bill' tras la final del mundial de 2003.
El título del libro en el que explica su filosofía resume su programa en una palabra (con signos de admiración, recordemos)
que tiene aquí un significado más completo.
     Con ese propósito descompuso el proceso en siete elementos diferentes, de forma que, para él, sabes que estás ¡Ganando! cuando has conseguido:
  1. Más puntos en el marcador (lo obvio).
  2. Un desempeño de alto nivel en los aspectos clave de tu juego (todos mesurables).
  3. Un equipo que responde bien bajo presión (no mesurable).
  4. Una experiencia que se disfruta fuera de la cancha e inspira a todos.
  5. Jugarle y batir a equipos que sabes que pueden ganarte (competitividad).
  6. Hacer aplaudir a ls espectadores con el buen juego del equipo.
  7. Saber que puedes hacerlo regularmente.    
     Cada cual puede añadir o quitar algún objetivo de la lista, priorizar unos u otros, pero ¿quién no querría que su equipo alcanzara estas siete "victorias" y no solo la del tanteo? Entonces ya tenemos seis logros razonables que (muy probablemente) estaremos sacrificando si nuestra única meta es ganar el partido. O, en otras palabras, sacrificando seis formas de enriquecer el desarrollo de nuestrs deportistas. Es decir: seis formas de perder, a pesar de haber ganado.

   Es muy importante darse cuenta de que un hombre como Woodward reservaba en su lista de objetivos un punto para el disfrute de sus jugadores (y del resto de su staff). Pero el punto 5 aporta, para mí, un interesante matiz: no se trata de ganar a cualquier equipo y anotarse una víctima más.
     Trasladado a las categorías formativas, tod@s hemos podido comprobar que un partido que termina 100-0 realmente nunca llegó a disputarse. En un encuentro con el marcador tan desequilibrado la victoria nunca habrá estado en riesgo, pero sí el aprendizaje, tanto en un lado como en el otro. Por ello, deberíamos relativizar nuestros logros, pero también nuestros objetivos. Sobre todo si nos imponemos abrumadoramente a un conjunto inferior para caer después ante un rival de nivel similar al nuestro. (2) 


LOS MEDIOS ANTES QUE LOS FINES


El ejemplo en el que nos fijamos ahora es el de Bill Walsh, que en los años 80 se convirtió en una leyenda como coach de fútbol americano. Recaló en los San Francisco 49ers cuando esta era la peor franquicia de la NFL y la llevó a establecerse como una "dinastía", consiguiendo 4 anillos de campeones en menos de una década. (3)
     Su enfoque a la hora de dirigir a su equipo no ponía el énfasis en el objetivo final (el partido, el título), sino en los procesos mediante los que han de conseguirlo. Su filosofía se basaba en perseguir la excelencia en el desempeño de todas las tareas que rodeaban a la preparación del equipo. Y se refería exactamente a todas las tareas, ¡empezando por cómo las secretarias de la franquicia respondían al teléfono!
     Esto era así porque cada detalle contribuye a formar la cultura y el carácter de un grupo y, como él mismo decía, la cultura precede a los resultados positivos: solo actuando como campeones se llega a ser campeones. (4)

     Cuando todo está en su sitio, cuando todo el mundo da lo mejor, solo queda vencer o seguir mejorando. De ahí que el objetivo de Walsh fuera que alcanzaran la excelencia (en técnica y conducta). Y por ello entendía que su prioridad era enseñar (!), para poder mejorar el rendimiento de sus hombres, de forma que ganar se convirtiera en una mera consecuencia de la actitud y el trabajo de todos.
     Comprendía que cuando ls jugadors se centran en hacer las cosas bien pueden despreocuparse del marcador, porque este ya se ocupará de si mismo. "Que el rival se preocupe de eso".


La filosofía de Bill Walsh, igualmente resumida en el título de su libro (póstumo). El mítico entrenador de baloncesto John Wooden también la hizo suya: el marcador se ocupará de sí mismo cuando tú te ocupes del esfuerzo que precede al marcador, escribió.
Es una excelente consigna para transmitirle a nuestros jugadores.









     

DE VUELTA A LA TIERRA

  
   Puede parecer contradictorio apelar al ejemplo de profesionales que, precisamente, lo ganaron todo, pero realmente la paradoja estaría en que, a pesar de esos logros y de ser profesionales a los que pagaban precisamente para ganar, sus enfoques eran más amplios y enriquecedores.
Trasladémoslo a las escuelas de rugby, donde el objetivo no suele ser ese (¡en algunas edades ni siquiera se cuentan los puntos!) y menos aún se paga a ls formadors para conseguirlo: ¿por qué fomentar, pues, esa necesidad entre nuestrs chics? Si los grandes profesionales que aspiran al número uno saben ver más allá del resultado; ¿cómo podríamos nosotrs, cuyo cometido es formar a deportistas jóvenes, justificar la estrechez de miras de tenerlo como principal referencia?

Un poco más de perspectiva aún. Hace poco el exseleccionador argentino Daniel Hourcade estuvo por nuestras tierras y lanzaba una pregunta reveladora: ¿quién se acordará dentro de tres años de qué equipo ganó un campeonato juvenil regional? Exacto: nadie. Sin embargo, continuaba, dentro de 20 años sí que podremos ver en qué tipo de personas se habrán convertido ls jugadors que tuvimos a nuestro cargo y qué influencia ejercimos en ell@s. Y eso es lo que debería importarnos más que nada.

Pero la realidad es que el objetivo de ganar suele establecerse para satisfacer el ego del/la entrenador/a, aunque sea de forma inconsciente, en vez de priorizar el aprendizaje para sus pupil@s. Como si fuera a conseguir una prima, mayor prestigio, o que le fiche el club de sus sueños.
Por eso, al preguntarnos ‘¿para qué quiero ganar?’, lo primero que nos venga a la mente será un fiable indicador: ¿tiene que ver con nuestra sensación de triunfo?, ¿con el beneficio para toda mi plantilla?

Recordemos que la experiencia nos ha mostrado muchas veces que cuando todo se basa en los resultados y a ls jugadors se les transmite que vencer es lo importante, los valores deportivos son sacrificados. Se abre la puerta a la aparición de “estrellas”, a la indisciplina, a las excusas, al juego sucio y a otras actitudes poco ejemplares y que nos gusta asociar a otros deportes sintiéndonos superiores.
Cuando esto ocurre estamos abdicando de nuestra responsabilidad y defraudando a ls muchachs que tenemos a nuestro cargo.

     No se comprende a estas alturas de siglo XXI, tras tantos años poniéndose el foco en una (ya no tan) "nueva" pedagogía, que aún quede alguien por convencer y que defienda el llamado enfoque centrado en el entrenador, perjudicando la formación de sus deportistas.

     Pero, ay, quienes ya estamos convencids tampoco estamos libres de cometer pecados similares y no siempre demostramos tener claro que todo esto lo hacemos por ell@s y no por nosotrs. (5)


Las palabras de Hourcade resultan muy confortantes para quienes creemos en esto por tratarse de un referente de enorme talla (y no es el único). Entre otras cosas, reafirma la importancia y dificultad de nuestro papel como formadors (en cambio, su rol era muy sencillo, explica: si no le gustaba un jugador lo cambiaba por otro), puesto que 
lo más importante es ayudar a ls jugadors a formarse como personas. 


LA RESISTENCIA CONTRA LA TIRANÍA


Abstraerse de lo que dicta el marcador no es tan fácil como decirlo: nos gusta ganar. Sin duda es algo gratificante por sí mismo. Y además está la creencia de que se nos valorará según los tanteos que cosechen nuestrs jugadors. Como si la valía de una maestra se midiese por las notas de sus alumnos.
Esto se explica en gran medida por la cultura exitocéntrica en la que vivimos, pero debemos esforzarnos por crear una cultura propia, más edificante, en el entorno en el que tengamos influencia. Merece la pena, aunque sea una burbuja en el océano.

Creo que disponemos de dos poderosas armas para conseguirlo y, entre todos, oponerle resistencia a la tiranía del resultado, pero tendremos que afilarlas un poco.

Cohesión


Esta se forja a base de grandes cantidades de comunicación. Cuando la información (útil) fluye abundante y eficazmente entre todos los grupos de una entidad y en todas direcciones se fortalece la cohesión y se logran consensos que la apuntalan.
Pero cuando se escatima en este aspecto, los resultados, publicados cada semana, son la única información que los demás reciben, incluso dentro del propio club, sobre el desempeño de cada categoría. Por eso se puede caer en la convicción de que es la única forma en que el trabajo de cada semana será valorado.

En cambio, en un entorno cohesionado habrá una cultura de grupo sólida, con objetivos, principios y forma de trabajar compartidos. También habrá un continuo intercambio entre entrenadors de los distintos grupos y con sus coordinadors, e incluso con la masa social. Este feedback continuo es esencial para la cooperación y el acierto en las soluciones.
Por último, la cohesión favorece que la gente se interese por los diferentes equipos de su club y no solo por aquellos a los que esté directamente vinculada. Y que acuda a verlos jugar y que conozcan y se interesen por sus circunstancias y no solo su clasificación. (6)

Empatía


A veces no mostramos la empatía suficiente hacia nuestrs colegas en los banquillos. Así de simple. No diré que sea la norma, pero en ocasiones me asombra lo fácil que nos parece resolver los problemas de plantillas que no son la nuestra.
En muchos partidos puede oírse cómo cualquier míster presente ha dado fácilmente con las claves para mejorar el juego de ls que están en el campo. Pareciera que, si les dejaran, en un par de sesiones resolverían todas sus carencias, independientemente de si son capaces de conseguirlo con sus propios jugadors. ¿No lo hemos vivido tod@s alguna vez (o muchas)?

No hace falta decir que cada grupo de deportistas tiene sus particularidades y quienes mejor las conocen son sus responsables, y también cómo trabajan cada semana y con qué objetivos y cuál es su evolución. Pero por encima de todo, llevar un equipo de rugby no es una tarea sencilla y eso es algo que aprendemos en nuestras carnes. Por eso, no tendríamos que ver tan claro lo que ls demás necesitan y sí interesarnos más por conocer sus circunstancias. Así fomentaremos la cooperación (¡y el aprendizaje!), en vez de la competencia y la crítica estéril..


Estoy convencido de que usando estas dos armas (o herramientas) estaremos ayudándonos entre tod@s a no caer en el resultadismo, a crear un entorno en el que nadie se sienta (so)juzgado por un marcador o una clasificación, que es una de las razones por las que algún@s se someten a su tiranía.
 Y lo mejor es que estas armas tienen la propiedad de afilarse más cuanto más se usan.

Dialoguemos más. Sentenciemos y alardeemos menos. Preguntemos mucho más y no creamos que si un/a colega nos consulta es porque sabe menos que nosotrs: dudar no es síntoma de ignorancia, sino de aprendizaje. Intercambiemos nuestras experiencias en esto de intentar enseñar un deporte a nuestros equipos, además de valores, y mantenerlos motivados y unidos (casi nada). Tengamos siempre presente que no es fácil y que no hay receta mágica. Escuchemos.

En la última gira de los Lions (2017) la serie de tests acabó con una victoria para los All Blacks, otra para los británicos y un empate. ¿Resultado global?: empate.
Que se contemple esta posibilidad (prescindiendo de jugar prórroga o contar puntos a favor y en contra) y disfruten ambos equipos del trofeo me parece de lo más grande que nos ofrece el rugby: no siempre ha de haber un ganador y un perdedor. (*)


El objetivo de este post solo puede ser invitar a reflexionar. Un granito más para ayudar a extender un entorno más adecuado para enseñar y aprender (y aquí hablo de nosotrs). Estaría bien, entre tod@s frenar esa tendencia en la que cada vez reconozco menos al rugby. Pero primero nos lo hemos de creer nosotr@s mism@s.
Y como ganar y perder tienen mucho que ver con las expectativas, aprender a establecer objetivos adecuados ha de ser también una de nuestras prioridades.

     Sé que much@s comparten esta forma de pensar. Y al conocer la “teoría” la mayoría podemos pensar que estamos vacunads, pero no es así. Hay una manera muy sencilla de comprobarlo: preguntando a un/a colega cómo va su equipo, qué tal le va con sus chic@s (así, en general). Fijaos cuánt@s responden refiriéndose a marcadores y clasificaciones. Demasiado a menudo tengo que volver a hacer la pregunta porque esa respuesta no es la que me interesa.
     Y esa es la prueba del 9 (o del 8 y medio, por lo menos). Ahí se evidencia cuál es la principal preocupación de cada entenador/a. ¿Qué respuesta crees que darías? Recurrir al feedback de nuestrs compañers puedes sernos útil. (7)


*              *              *

Más arriba hemos dicho que nadie se acordará de quién ganó el campeonato juvenil de tal o cual año. Ahora puedo decir que eso es mentira: lo recordarán los miembros del equipo. Y como ese triunfo no pervivirá en ninguna crónica del deporte, les debemos que cada un@ de ell@s pueda sentirse orgullos@ de lo que aprendió y emocionarse con los recuerdos de la experiencia. Conseguir que sea un triunfo de todo el grupo, a base de trabajo, pero disfrutando.
     Y tanto el aprendizaje como el recuerdo podrán ser igual de satisfactorios incluso sin haber logrado ninguna gran victoria, siempre y cuando esa no fuese la única meta. Porque hay mucho que ganar, incluso perdiendo. Y viceversa.

     Se suele decir en el mundillo (para quien quiere escucharlo) que el mayor logro de un/a entrenador/a es que sus jugadors vuelvan la temporada siguiente. Pero como tantos personajes exitosos han dejado tantas citas en la misma línea que este post, no me resisto a utilizar una que lo expresa mucho mejor:


El éxito se mide por la cantidad de ojos
que brillan a tu alrededor (8)


     ¿Has reconocido alguna de las situaciones expuestas? ¿Te convence tanto la "teoría" como convence tu práctica? ¿Tus jugadors son conscientes de que hay otras formas de "ganar"? ¿Qué crees que les transmiten tus decisiones y tus actitudes? ¿Respetamos a ls árbitros tanto como les decimos a nuestrs jugadors que les respeten? ¿Si el objetivo de tu equipo es ganar, os convertís en perdedores cuando no lo conseguís?



jueves, 2 de noviembre de 2017

Día de partido (I): jugamos fuera.


Como dice la canción, "...saturday's a rugby day..." (1), aunque en el caso de la escuela las trobadas suelen ser, más o menos, cada dos semanas. Pero igualmente, ¡qué nervios! ¿Qué hay que hacer para afrontar y disfrutar de una jornada de rugby de nuestr@s benjamin@s?


ANTES DE LA TROBADA



Normalmente, el jueves previo nuestro estupendo equipo de delegad@s se encarga de preparar las camisetas de juego y el agua que l@s niñ@s tendrán para beber durante la mañana. L@s entrenador@s nos encargamos del material deportivo (balones y conos, de los que siempre se pierde alguno en cada trobada).


Preparación de l@s jugador@s


Parecerá obvio, pero es importante que duerman bien y bastantes horas la noche anterior; ¡que no trasnochen jugando con la consola! Más de una vez algún padre o alguna madre me ha comentado que ha visto a su hij@ cansad@ en un entreno matutino o en una trobada. Bueno, pues si se ve desde fuera peor lo pasan desde dentro al ver que no están frescos. 

Lo que sí estaría pero que muy bien, es que antes de irse a dormir l@s chic@s vieran algunos vídeos de rugby. La visualización de placajes, pases y fintas, rucks y mauls, es una buena herramienta: cuanto más rugby ven más fácil les resulta reproducir los movimientos adecuados.

También es importante la alimentación previa al partido. La cena de la noche antes no debería ser pesada y/o muy tarde y el desayuno debería hacerse unas tres horas antes de empezar los partidos. Sería conveniente que consistiera en  alimentos ricos en hidratos de carbono, como cereales (integrales si es posible), pan, arroz, patata, etc., complementada con proteínas que pueden aportar la leche (especialmente la de origen vegetal), el yogur, la avena, algunos frutos secos, los huevos. Una consigna importante sería evitar las grasas (¡y los fritos!), aunque un pequeño (¡pequeño!) aporte siempre es saludable.

Un rato antes de empezar a jugar (una hora, mismamente) también puede ser recomendable comer algo de fruta.

Y no olvidemos la hidratación. Siempre es importante, pero los días de entrenamiento y de partido, mucho más. Y aquí nos referimos, está claro, a beber agua, en cantidades generosas. ¡Y digo agua! Olvidémonos de bebidas con gas, bebidas "energéticas" o zumos (de momento).  Que beban agua, incluso un poco más de la que necesiten: por mucho que se beba durante un partido no se repondrán los niveles necesarios de hidratación si esta no se ha cuidado antes (2).


Equipaje


Ya nos hemos acostumbrado a que a las trobadas hay que ir ya vestidos para jugar desde casa. Dressed to kill. Ready for the action. Lo que significa llevar puestos el pantalón, las medias y, opcionalmente, las botas de tacos y, además, llevar preparados el bucal y el casco (y las botas, si no las llevan puestas). Durante el trayecto repartimos las camisetas de juego para que se las pongan antes de llegar (3).
Esto nos proporciona más tiempo para calentar y dar instrucciones al llegar al campo, pues a veces el viaje se demora o alarga más de lo debido y llegamos con el tiempo justo. Pero también, y me gustaría, por favor, que no menospreciemos esto, supone no dispersarse y perder la concentración por el camino. Creedme, a estas edades es muy importante debido a lo que cuesta mantenerles concentrados.

En cuanto a prepararse la mochila (algo que creo que deberían hacer l@s propi@s jugador@s desde la edad más temprana posible) yo solía usar un sistema para no olvidarme nada; se trata de hacer recuento de lo necesario empezando por la cabeza y acabando por los pies: cabeza - casco, boca - bucal... hasta llegar a los calcetines y las botas o el calzado de calle, dependiendo de lo que lleven puesto. Se añaden los bártulos que hagan falta para la ducha (jabón, toalla, chanclas, etc.) y ya lo tienen. Como veis, un sistema absurdamente simple, pero eficaz.


A estas edades es común que se olviden algo que poner en la mochila y por eso hice este esquema que ya he compartido alguna vez. No es necesario usar este, pero algo parecido vendría bien para l@s más olvidadiz@s.

El viaje en bus


No está en esa lista, pero otra cosa importante a tener en cuenta es la puntualidad, ya que el bus no se va hasta que no estamos tod@s y si no somos puntuales perjudicamos a todo el equipo. De perogrullo, ¿verdad?

Generalmente, para calcular la hora de salida contamos con tener una hora de trayecto (si jugamos, como suele pasar, en Barcelona o alrededores), llegar al campo una hora antes del comienzo de la trobada  y, además, con la "propina" del previsible retraso en la salida y/o de algún imprevisto.
Por desgracia, no hay equipos cerca contra los que jugar y, ya sea porque los anfitriones no son suficientemente conscientes de lo que supone un desplazamiento largo o porque sus escuelas no disponen de las instalaciones todo el tiempo que desearían, la verdad es que nos toca madrugar bastante la mayoría de veces.

Al subir al bus pasamos lista y los padres y las madres se sientan en la parte delantera, mientras que l@s jugador@s lo hacen atrás, para hacer piña y para que los entrenadores puedan darles instrucciones. Por las mismas dos razones es importante que también desde la edad más temprana posible l@s niñ@s se acostumbren (o, más bien, las madres y los padres) a viajar junto con sus compañer@s en el bus del equipo, aunque sus parientes se desplacen en su propio coche al campo. A fin de cuentas, la gente habitual en los desplazamientos formamos ya casi una familia y l@s hij@s de otr@s quedan en buenas manos.

Aunque pueda haber quien crea lo contrario, yo nunca he prohibido el uso de las "maquinitas" durante el trayecto, aunque creo que (¿tod@s?) estaremos de acuerdo en lo poco adecuadas que son para un (corto) desplazamiento del equipo. Una vez más, el motivo es no desperdiciar el momento para hacer piña, por lo que, si hay que subir con algún entretenimiento al bus, es preferible que sea algún juego que pueda involucrar al máximo número de niñ@s posible (4)



DURANTE LA TROBADA 


En cuanto llegamos a nuestro destino la trobada ya ha comenzado para nosotr@s. 

Nos apeamos, buscamos responsables locales que nos den instrucciones (cuáles son los vestuarios de las chicas y de los chicos, horarios de juego y campos asignados...), dejamos las mochilas y nos ponemos a calentar en el primer lugar adecuado que encontremos.
Es importante señalar que l@s m/padres no son nuestr@s utiller@s y no han de acarrear los bultos del equipo, sino que l@s propi@s jugadores han de responsabilizarse de ellos. 

La verdad es que cada vez me gusta menos llamarlo "calentar". "Activar" es un término más adecuado porque, incluye la preparación física y también la mental, la cual es importantísima y comienza ya en el autobús dando los mensajes adecuados a cada jugador/a. Creo que es la tarea fundamental en un día de partido y, a la vez, una de las más difíciles para l@s entrenador@s, porque depende, entre otras cosas, del entorno y de su propio estado anímico  (5).
También podréis comprobar que nuestras activaciones nunca incluyen estiramientos. Podéis especular sobre el porqué hasta que toque escribir sobre ello =)

Y entonces comienza el juego. Ya sabéis que no nos importa el resultado, sino cómo hemos llegado a él y que pocas veces sabemos cómo ha quedado el marcador final.
Los partidos siempre terminan con un pasillo de un equipo al otro y viceversa, aunque cuando se conoce el marcador suele ser el equipo vencedor el que lo forma primero para el perdedor. 
A todo esto, me gustaría que al formar el pasillo l@s voltors corearan el nombre del equipo rival con más energía. A ver si les convenzo.

Como normalmente se juegan varios partidos a lo largo de la mañana, siempre va bien que l@s niñ@s repongan combustible entre uno y otro. Para ello han de beber suficiente agua y a nosotros nos gusta que también tomen azúcares en forma de dulces o de fruta (6). Los frutos secos y el yogur también son bienvenidos. Esta pequeña ayuda puede suponer darlo todo hasta el final de la jornada, en vez de llegar sin ganas.

¿Y el público? Pues en el rugby no se estila gritarle a los niños, lo cual nos hace un poco diferentes (y mejores, por qué no). Además, l@s espectador@s deben recordar que no son l@s entrenador@s, aunque sepan más que ell@s, y solo han de animar a la chavalada (7), ¡las instrucciones y las broncas corren de nuestra cuenta! Y si además graban los partidos, aunque solo sean fragmentos, nos ayudarán de verdad a corregir errores, preparar entrenamientos mejores y hacer un coaching individual más eficaz.

Acabados todos los partidos, toca reunir las camisetas usadas y ducharse (y también en esto nos gustaría que le pusieran más energía).

Y después (o, a veces, antes de la ducha), el tercer tiempo, uno de los elementos más característicos del rugby: los equipos rivales en el campo y los árbitros se juntan para comer y beber por cuenta del equipo anfitrión, comentan el partido, festejan...  Está claro que a medida que l@s jugador@s se van haciendo mayores cada vez la práctica se aproxima más a la teoría, pero de niñ@s el tercer tiempo pierde bastante de su esencia, especialmente en los campos donde no se dispone de un salón para celebrarlo, ya que cada equipo acaba yendo a su aire (8).

Este año la federación instó a que se tomaran medidas para que en los terceros tiempos de las escuelas hubiera mayor interacción y confraternización entre jugador@s, aunque de momento no parece que se haya hecho mucho caso.



Y DESPUÉS


Acabado el refrigerio, toca volver a casa. Ahora sí, l@s madres y padres que han acudido a la trobada por sus propios medios pueden llevarse a sus hij@s con ell@s. Ya han cumplido con el equipo. Y a los que vuelven en el bus se les pasa lista de nuevo antes de subirse.

Curiosamente, en el viaje de vuelta l@s chaval@s suelen gritar más que en la ida y los entrenadores suelen hablar mucho menos.




(1) Es decir, 'el sábado es día de rugby'. La letra de la canción es demasiado explícita como para reproducirla. Y eso pasa con todas las canciones de rugby que conozco, lo cual es una pena cuando se es entrenador de la escuela. Será cuestión de buscar o inventarnos alguna.

(2) Todo esto, y más cosas, forma parte del llamado "entrenamiento invisible", que dará para otra entrada en el blog. Aunque no lo parezca, puede marcar la diferencia entre un rendimiento bueno y uno sobresaliente.
En cuanto a la alimentación, como en tantas otras cosas, cada maestrillo tiene su librillo. En realidad, cada vez que indago sobre el tema encuentro informaciones que me resultan contradictorias. De todas formas, aunque me extenderé más en esa entrada prometida, tampoco vamos a necesitar ser muy exhaustivos y solo damos unas pautas generales.


(3) Nunca me ha gustado llamar 'camisetas' a las equipaciones de rugby. Supongo que es porque antes se jugaba con polos y confería cierta distinción. De hecho, en inglés se le suele seguir llamando jersey, en vez del shirt de la mayoría de deportes. Pero qué se yo; solo soy un nostálgico.

(4) Hay que decir, no obstante, que hay niñ@s que requieren el uso de esas "maquinitas" por "prescripción facultativa". Al margen de eso, entre un libro y una consola, siempre me inclinaré por el libro, pero quien lee también se aísla, más aún que quien juega con la máquina, así que el dilema moral está servido. Y se complicará aún más el día que aparezcan estudios que sugieran que los videojuegos antes de un partido potencian los reflejos y la toma de decisiones o algo por el estilo. Al tiempo.

(5) Demasiadas veces he comprobado impotente cómo los días que me levanto con poca paciencia (o consiguen que la pierda) y regaño más que animo son los días que peor funciona el equipo, lo cual crea una espiral en la que cada vez regaño más y rinden peor (por mi culpa). Salirse de esa espiral es muy difícil y, normalmente, cuando un partido acaba resultando un desastre se puedía adivinar ya antes de empezar a jugar.
Considero a la vez tan necesario y tan difícil llegar al punto óptimo de activación que conseguirlo (y, más aún, recuperarlo) es de lo que me hace sentir más orgulloso como entrenador.
De momento, es un aspecto que esta temporada hemos mejorado y se nota en el rendimiento del equipo, aunque pueda no tenerse en cuenta desde fuera.

Este tema da (¡como tantos otros temas!) para otra entrada aparte. Y seguro que escribiré más sobre ello porque l@s padres y madres también tienen su papel en la activación. 

(6) En realidad los azúcares también son un tipo de hidratos de carbono, pero diferente del recomendado para el desayuno, ya que proporcionan un "subidón" de energía más inmediato.

(7) Y no es porque creamos que saben menos de rugby que los que entrenamos al equipo, pero, como seguro que ya habréis adivinado, también lo trataremos más extensamente en un futuro post.

(8) Puede que sea un poco exigente, pero me da pena que en casi todos los sitios se sirva un bocadillo bastante triste. Mención aparte merece Lleida, donde preparan (las veces que yo les he visitado) un señor tercer tiempo con plato de pasta + longaniza + fruta + dulce + refresco. La última vez que fuimos allí a jugar me contaron que su tercer tiempo estaba inspirado, precisamente, en el que les servimos en Tarragona cuando vinieron a la gran trobada de escuelas que celebramos cada año.

viernes, 27 de octubre de 2017

¿Bulto o Voltor? *

     Ya conocemos los tres grandes valores de nuestro equipo: Respeto, Esfuerzo y Solidaridad. Y sabemos que están reducidos a tres por tratarse de una cifra mágica que hace que todo se recuerde más fácilmente y porque también condensan gran parte del resto de los que podrían añadirse. De estos, de los que podrían añadirse, hay dos en concreto que también son básicos en el rugby: Disciplina y Humildad, pero creo que es mejor plantearlos en edades más avanzadas. Aún así, a mi modo de ver, van implícitos en los tres primeros:

          - Respeto + Esfuerzo = Disciplina.
          - Respeto + Solidaridad = Humildad.

     Si los califico de innegociables me refiero, por ejemplo, a que no cumplir con estos valores es motivo para ser sustituid@ en un partido, no así el hecho de fallar un pase o un placaje sin más (1).
Dando prioridad a esto enseñamos que solo con su comportamiento, si es el adecuado, l@s chic@s podrán considerarse jugador@s de rugby, más allá de sus habilidades técnicas. Y mejor aún: podrán decir que forman parte del equipo, que son voltors

     ¿Y por qué es esto tan importante? ¿Por qué empleo tanto tiempo (demasiado, dice la mayoría) en explicarles esto? Pues va a ser difícil resumirlo. 

     Ya apunté en esa entrada dedicada a nuestros valores que, si no se ponen en práctica, no se le saca partido al tiempo de entrenamiento (valga el juego de palabras). Aunque nosotr@s mism@s también caigamos en ellas, vemos equipos de otras categorías y/o de otros clubes, y nos damos cuenta de las actitudes que arruinan entrenamientos y de las que hacen que se aprovechen de verdad. Y no basta con pedir continuamente silencio o atención a l@s chaval@s, o amenazar con castigos, sino que es necesario crear una "cultura" del Esfuerzo, del Respeto, de la Solidaridad. Ello pasa por crear una identificación muy fuerte entre comportarse como corresponde y ser un voltor. De modo que l@s jugador@s que no tengan la actitud adecuada no pueden esperar ser considerados auténticos voltors hasta que no se reconduzcan. Recordad: como los All Blacks, mejores personas suponen mejores voltors.

     Se trata en definitiva, de crear la motivación de comportarse correctamente (es decir, aplicar nuestros valores) para sentirse realmente parte del equipo con todas las de la ley.
No por la motivación extrínseca del castigo o del grito, sino por la de pertenecer de verdad al grupo, de ser un/a voltor (2).

     POR ESO necesitamos hablar mucho con ell@s. Cuando el entrenador les deja claros los comportamientos tolerables y los no tolerables o, mejor aún, son consensuados por el equipo, la cosa puede empezar a funcionar. Está claro que aún son jóvenes y han de madurar más en esto y que han de surgir aún l@s líderes que provoquen mejores actitudes en sus compañer@s, pero muchas semillas se han plantado ya. L@s voltors de sub-12 saben bastante bien a qué atenerse con los entrenadores y qué esperar de nosotros en función de su comportamiento. Y saben que nuestras reacciones no son arbitrarias, sino que están provocadas por unas actitudes concretas (3)
     Y resulta tremendamente satisfactorio cuando l@s propi@s chaval@s reconvienen a quien no muestra una buena actitud, especialmente en nuestro círculo sagrado. Y cada vez vemos a más jugador@s señalando a otr@s el camino correcto o "discutiendo" sobre el comportamiento adecuado en determinados momentos. Esto muestra que se va generando esa cultura de grupo que con el tiempo se hará sólida, aunque siempre habrá elementos díscolos.

     Conociendo como conocen nuestros valores de equipo y las actitudes que son y no son toleradas, l@s niñ@s han de preguntarse ¿estoy siendo un bulto en este equipo, o estoy siendo un/a voltor? Y responderse con el nivel de exigencia adecuado y con sinceridad.

     AHORA BIEN, no solo de actitud y comportamiento puede vivir un equipo de rugby. Hace falta también algo de ejecución técnica, porque, si no, no habrá manera de hacer una jugada, y esto no sería rugby, sino kumbayá. Así que está bien comportarse como un/a voltor, y es condición necesaria, pero el Esfuerzo ha de llevarnos a saber hacer también algunas cosas en el campo. Viendo los mínimos que se exigen en otros equipos y viendo las realidades que vivimos nosotros en sub-12, se me ocurrió confeccionar una lista con los MUST, que todo jugador debe saber hacer al jugar a rugby. Yendo de lo menos a lo más técnico serían:

          - Ocupar el campo.
          - Mantener la posesión del balón en el contacto.
          - Conocer y usar la postura correcta en el contacto.
          - Coger y pasar un balón a derecha e izquierda.
          - Placar y ruckear.

     Aunque la lista es bastante explícita, podemos comentar alguna cosa sobre sus elementos.

     Ocupar el campo no sería un elemento a tener tan en cuenta en un equipo adulto, por el hecho de que los adultos ya ocupan bien el campo y saben recolocarse instintivamente. Pero en la escuela aún hay que interiorizarlo y, aunque debería conseguirse antes de llegar a sub-12, siempre quedan flecos. Para mí, junto a las actitudes adecuadas, sería lo más importante que podemos enseñar en la escuela.

     Mantener el balón en las manos: se entiende que cuando se recibe un placaje o en un forcejeo y es, lógicamente, crucial y requiere poca explicación. 

     Conocer y usar la postura correcta en el contacto: es tanto por seguridad como por eficacia. Con una mala postura es fácil hacerse daño y difícil conseguir lo que se intenta (4)Podemos hartarnos de explicar (mal, al parecer) cuál es la postura correcta, pero muy pocas veces se usa. Demostrarles cómo aumenta su eficacia cuando la usan no parece conseguir grandes resultados.

 Ejemplos de postura corporal para entrar en contacto.
Bajamos el centro de gravedad con los hombros por encima de la cadera (1), es decir, flexionando las rodillas (4), no la cadera. Miramos al frente (2), o "cabeza neutra", para ver lo que está pasando y porque ayuda a tener la espalda recta (3) (también ayuda sacar pecho y culo a la vez). 

     Coger un balón y pasarlo (catch and pass) a derecha e izquierda: tampoco requiere mucha explicación. Además, ya sabemos que nuestro equipo tiene en mente mover mucho el balón, cosa imposible sin un mínimo de nivel en este aspecto. Los primeros partidos de la temporada han visto al equipo mover muy bien en balón (¡incluso brillantemente en algunos momentos!), pero aún hay mucho margen de mejora.

     Placar y ruckear: o lo que podríamos resumir como implicarse físicamente en la recuperación/conservación del balón. Nuestro equipo no placa menos que la media, pero estamos muy faltos de implicación en el ruck, que será un punto clave a trabajar próximamente (5).

     A partir de ciertas edades, el fitness, el estar bien en forma trabajando el físico, sería un elemento esencial. Nosotros lo sustituimos por la intensidad, que era un punto más de la lista a principio de temporada, equiparable al Esfuerzo, por eso he prescindido de él ahora; y también por acercar los componentes de la lista a la cifra mágica de tres. 

     En esta ocasión me ha resultado muy difícil reducir la lista a tan pocos elementos, porque veo muchas cosas que podríamos considerar realmente básicas para un/a jugador/a de rugby. De todas maneras, si me viera obligado a reducir sí o sí la lista a solo tres puntos, creo que podría hacerse un equipo en condiciones solo con jugador@s que supieran pasar el balón y que aplicaran gran intensidad en todo lo demás, más allá de la técnica con que lo hagan. Para completar el trío añadiría saber ocupar el campo. 
Si l@s voltors salieran de la escuela con esto bajo el brazo consideraría que hemos hecho un gran trabajo. Ya veremos.

     Y volvamos a hacernos la pregunta: en cuanto a la lista de las cosas que tod@ jugador/a debería saber hacer ¿soy un bulto, o soy un/a voltor? ¿Cuántos placajes soy capaz de hacer en un entrenamiento? ¿O en un partido? ¿Pongo la postura correcta para poder hacerlos? ¿Se me caen muchos balones? ¿Estoy donde tengo que estar en la jugada?
En definitiva: ¿ayudo a mi equipo aplicando estas cosas, o más bien le perjudico? Pero aún más importante: ¿cuánto me esforzando para conseguir hacerlo bien y ser alguien útil para mis compañer@s?

     Y ya puestos, me extenderé un poco más. Para esta temporada tenía la intención de trabajar profundamente varias "mentalidades" (los mindsets), predisposiciones para ciertas actitudes en el juego:

- Mentalidad de offload: estar siempre preparad@s para dar un pase en cualquier circunstancia y para esperar un pase de un/a compañer@ también en cualquier circunstancia. Siempre con las manos a punto para ese catch-and-pass. Y digo siempre, en todo momento.

- Mentalidad de conquista: todo lo que se hace en un campo de rugby cuando no se tiene el balón se hace para recuperarlo. Conquistarlo. Tradicionalmente se suele considerar que las fases de conquista del balón son los agrupamientos estáticos (touch y melé) y los, llamémoslos así, dinámicos (ruck y maul). Vayamos más allá, comprendamos cuántas formas distintas hay de conquistar ese balón (6) y apliquemos en todas ellas esa mentalidad. Los placajes se hacen para obligar al equipo rival a soltar el balón por un momento; lancémonos a por él entonces. Cada balón suelto que rueda por el césped ha de lucharse como si nos fuera un campeonato en ello. Un chute al aire supone otra conquista a realizar.

- Mentalidad de contraataque: una vez recuperado el balón ha de usarse de inmediato y de forma adecuada. Se trata de dominar la transición de pasar de la defensa al ataque, o de reaccionar rápido a un golpe de castigo favorable, tomando las decisiones correctas en un segundo para fulminar al rival (7)

- Anticipación: l@s niñ@s ya saben lo que va a pasar en los siguientes 2 o 3 segundos de juego. Incluso l@s novat@s han jugado el tiempo suficiente como para anticiparlo, pero no tod@s hacen algo para aprovecharlo y eso es uno de los mayores dramas a los que nos enfrentamos. Cuando un/a jugador/a se anticipa a lo que está a punto de ocurrir cualquier acción que necesite hacer le será más fácil.
Hay una magnífica frase en inglés para encapsular esta mentalidad: action beats reaction. Es decir, LA ACCIÓN VENCE A LA REACCIÓN (así, con mayúsculas y todo). Si yo actúo sobre lo que está a punto de pasar tendré muchas más probabilidades de éxito que si reacciono a lo que ya está pasando. Muchas veces reaccionar supone llegar demasiado tarde. Hagamos que sean ell@s quienes tengan que reaccionar a nuestra anticipación.

     Y, de nuevo, nuestr@s jugador@s deberían preguntarse: cuando juego a rugby, ¿tengo mentalidad de bulto, o de voltor? ¿Soy un bulto que reacciona tarde, o me anticipo y me responsabilizo? ¿Tengo hambre de balón? ¿No dejo escapar ni uno? ¿O dejo que bote o ruede a mis pies sin tirarme a por él? ¿Me acerco a recibir un balón con las manos preparadas, o siempre me sorprende que me llegue el balón aunque lo esté pidiendo? ¿Actúo rápido cuando recuperamos el balón? ¿O dejo la responsabilidad a otr@s y tardamos más en jugarlo?

     Entonces, ¿eres un bulto que anda por el campo pasando el rato, o eres un/a auténtic@ voltor que se esfuerza y ayuda? 

¿Y QUÉ QUIERES SER? ¿BULTO O VOLTOR?



* Por si esto lo lee alguien ajeno al catalán: 'voltor' significa 'buitre' y se pronuncia 'bultó'. Y por si lo lee alguien ajeno al club donde colaboro: ese es el apelativo que reciben nuestr@s jugador@s y simpatizantes.

     Esta entrada se escribió cuando el blog estaba pensado jugadors y padres y madres de la categoría sub-12, que es la que entrenaba por aquel entonces. Además, refleja ideas que en muchos casos han evolucionado lo suficiente como para merecer reescribirla. De todas formas, prefiero conservarla tal cual y dejar que esa evolución se plasme en otras entradas más recientes, como por ejemplo esta, en la que volví a hablar de temas relacionados.
    Sin embargo, el concepto que le da título ("¿Bulto o Voltor?") me parece que no solo sigue siendo válido, sino que puede serlo para cualquier categoría.

jueves, 19 de octubre de 2017

Guía para entender un partido de sub-12 (II)

Ya sabemos cuánta gente, dónde y durante cuánto tiempo se juega un partido de rugby sub-12. Ahora toca meternos en el desarrollo del juego para que tod@s puedan entenderlo y disfrutarlo.


Normas básicas


Como ya sabéis, el rugby consiste plantar el balón en el extremo opuesto del campo. Para conseguir la marca un/a jugador/a puede correr con el balón en las manos. También puede pasarlo a un/a compañer@, pero siempre hacia atrás (1), lo cual provoca que el equipo atacante esté siempre detrás del balón, o puede chutarlo en cualquier dirección (2). 

Los jugadores del equipo que no tiene el balón (a los que llamaremos generalmente "defensores") pueden evitar la marca del equipo rival placando al/a la jugador/a que lleve el balón (está prohibido placar a alguien que no tiene el balón). El placaje consiste en agarrar a un/a rival, de hombros para abajo, y tirarl@ al suelo (3). En la escuela no está permitido agarrar de la camiseta o voltear al rival.

El rugby es un deporte que ha de jugarse de pie y si un/a jugador está en el suelo (4) está obligad@ a soltar el balón o al/a la jugador/a placad@. También tiene prohibido placar desde el suelo y ha de salir de la zona donde se desarrolla la acción para no obstruirla.


Inicios y reinicios


Este año el saque inicial y tras cada marca se hace mediante un drop desde medio campo. El drop, o bote-pronto en español, es un chute en el que el balón ha de tocar el suelo antes de ser impactado con el pie.

La norma dice que ha de alcanzar por lo menos los 5 metros de distancia y caer dentro del campo. Si esto no ocurre, se formará una melé a favor del otro equipo.


La melé (scrum) (5)


Un elemento muy característico del rugby. Habrá melé en un partido de sub-12 cuando:

  • El balón vaya hacia delante, ya sea con un "pase adelantado" (o avant o forward) o porque golpee en el brazo de un/a jugador/a y caiga (knock-on) (6). 
  • Un saque o un chute salgan fuera del campo.
  • Un equipo plante el balón en su propia marca ("balón anulado") (7)
  • Un maul no avance o haya un balón injugable en una maraña de jugadores (8).
¿En qué consiste la melé? Cinco jugador@s de cada equipo la forman, tres delante (primera línea: pilar-talonador-pilar) y dos detrás (segunda línea). L@s de delante entrelazan las cabezas con las de l@s rivales y l@s de detrás, entre las caderas de sus compañer@s. 

Bonitas ilustraciones encontradas en la web de la Federación Dominicana de Rugby
que muestran perfectamente cómo se forma una melé de sub-12.

En rugby de escuela los equipos no se empujan en la melé, como sí hacen en las siguientes categorías.
Estando la melé formada, un/a jugador/a del equipo no infractor (normalmente el/la medio-melé) introduce el balón en el pasillo central y este año, como novedad, l@s jugador@s de las primeras líneas han de disputarlo "talonando", es decir usando los pies para mandarlo hacia la parte de atrás de la formación. 

El ilustrador dominicano nos enseña aquí en qué consiste el talonaje.

Este año, como novedad en el rugby mundial, se permite talonar también a l@s pilares y no solo al/a la talonador/a, que está en medio de la primera línea.
Una vez el balón llegue a la parte trasera de la melé, el/la mediomelé lo sacará y lo pasará a un compañero que esté en la línea de ataque, relanzándose así el juego.


La touch o lineout

Se forma cuando el balón sale del campo por las líneas laterales (líneas de touch), excepto si es de un saque, que ya hemos dicho que se forma una melé (9).
¿En qué consiste? A una distancia de entre 2 y 7 metros del lateral cada equipo forma un alineamiento de 4 jugador@s perpendicular al lateral, dejando un pasillo entre ambos. 


Además, un/a jugador/a del equipo no infractor se sitúa en el lateral justo frente al pasillo para lanzar el balón. Un/a jugador/a del equipo infractor (normalmente su lanzador/a) se sitúa a un metro de la línea, detrás de la fila que forman sus compañer@s.
Y para terminar, un/a jugador/a de cada equipo (normalmente l@s mediomelés) se sitúan detrás de la formación a un metro, para actuar como receptores.
Se lanza el balón sobre la línea central del pasillo, justo entre los dos equipos, no se puede pasar hacia l@s compañer@s. Est@s, tratarán de conquistar ese balón, ya sea palmeándolo hacia su campo o atrapándolo para pasarlo después o correr con él.

Aunque aquí parece que uno de los equipos no esta mucho por la labor de disputar el balón,
podemos hacernos una idea de cómo funciona la touch.

Una curiosa novedad este año es que en sub-12 también pueden hacer un saque rápido de lateral, lo que significa que si no hay rivales preparados para formar los alineamientos se puede sacar sin esperarles. Y esta norma debemos saber aprovecharla (10).


Golpes francos y  golpes de castigo


Por la forma de ejecutarlos, en la escuela no hay diferencia entre unos y otros, así que podemos llamarlos genéricamente "golpes". Se pitan cada vez que un equipo comete una infracción que pueda incluirse en:
  • Mala ejecución de una melé o una touch.
  • Uso ventajoso del balón de forma irregular: retenerlo en el suelo, etc.
  • Todo tipo de fueras de juego. 
  • Riesgo de la seguridad de l@s jugador@s: plaacjes peligrosos, por ejemplo.
  • Juego sucio o contra el espíritu del juego.
  • Otras infracciones que no hayamos dicho que se sancionen con melé o touch.
Al pitar un golpe el equipo infractor retrocede 5 metros. Un/a jugador/a del equipo no infractor ha de darle un toque con el pie (momento en que los defensas ya pueden subir a presionar) y pasarlo con las manos. En la escuela no pueden usar un golpe para chutar el balón.


Como veis, no entramos en demasiados detalles porque ni es el objetivo ni sería interesante, aunque quedan algún aspecto de las reglas más o menos importante, como el fuera de juego, que sí merece la pena tratar. De todas formas, ya sabéis que podéis consultarme cualquier duda cuando me veáis por el club.




(1) Hacia atrás en realidad significa en cualquier dirección que no sea hacia la linea de marca rival. Un pase lateral es válido.

(2) Solo vale chutar cuando el balón sale de las manos. No está permitido chutar un balón que está en el suelo durante el juego. L@s compañer@s que estén delante del balón cuando se hace el chute solo podrán jugarlo (o incluso correr hacia él) si quien lo ha chutado les ha adelantado o si el otro equipo obtiene el balón y lo juega. 

(3) Si un/a jugador/a derriba a otr@ sin ir, a su vez, al suelo, no es considerad@ placador/a, por lo que se da la circunstancia de que puede haber placajes sin haber placador@s.

(4) Estar en el suelo significa tener más de dos puntos de apoyo (los pies) en el suelo o sobre otr@ jugador/a que esté en el suelo.

(5) Se pronuncia 'scram' y es una abreviación de scrummage (pronunciado, más o menos, 'scramich'). Esta palabra inglesa viene de la italiana scaramuccia, que ya veis que también usamos en español, aunque en italiano a la melé la llaman mischia.

(6) Ya hemos dicho que el pase adelantado es el que hace que el balón se mueva en dirección a la línea de marca rival. El knock-on supone que el balón toca en el suelo o en otr@ jugador/a después de tocar la/s mano/s o el/los brazo/s de un/a jugador/a. Se entiende que el balón sale desplazado hacia delante. Si es hacia atrás el juego continúa.

(7) Es decir, en rugby no puede hacerse un equipo una marca a sí mismo.

(8) Incluye la maraña en zona de marca en la que el árbitro no sabe apreciar si el balón ha sido posado o por quién.

(9) En el rugby de las categorías superiores, l@s jugador@s que forman la melé y la touch son los delanteros y llevan los números del 1 al 8 (el 9 es el/la mediomelé). En el rugby de la escuela esto no tiene por qué aplicarse, no solo porque no hay tant@s jugador@s, sino especialmente porque a esas edades no tiene mucho sentido aún hablar de "delanteros" y "línea".

(10) Dudo que allá donde juguemos tengan en cuenta la norma que permite sacar rápida la touch, porque, desgraciadamente, a pesar de tener un reglamento unificado, es muy difícil encontrar un solo campo donde sepan aplicarlo. Al parecer no se le presta atención y en cada casa aplican su versión modificada de las normas de los adultos. A veces muy poco modificada y otras, demasiado. De esta forma el reglamento se acaba convirtiendo en una desventaja para quien entrena ciñéndose a él. 
Un caso arquetípico es el del papel de l@s mediomelés en la melé. Cuando un/a de ell@s va a sacar el balón de la agrupación no está permitido que el/la otr@ mediomelé le presione para impedírselo. Sin embargo, se permite en muchos sitios. Afortunadamente nuestro@s mediomelés saben adaptarse e incluso conseguir que a l@s rivales se les vuelva en contra esa infracción no sancionada.