martes, 15 de agosto de 2017

¿Por qué enseñar rugby?


Gran pregunta.
Seguramente sea porque el que sabe, juega, y el que no, enseña. Pero vamos a ver...

En mi caso, empecé en el rugby muy tardíamente, en el equipo de mi facultad en Madrid. Para hacerse una idea del nivel, bastará lo que nos dijo el bueno de Tajos, uno de los veteranos/pseudo-entrenadores, en los primeros días de la pretemporada:
Se puede llegar tarde a un entreno. Se puede llegar borracho a un entreno. Pero nunca lleguéis tarde y borrachos”. Ese era el nivel.

Al empezar la temporada y llegar el momento de darse las hostias de verdad defendiendo los colores del equipo, la mayor parte de los veteranos desapareció y nos dejaron a los novatos a nuestra suerte. Dos o tres honrosas excepciones*, los que sí se quedaron con nosotros, fueron quienes nos enseñaron de verdad lo que era el rugby, el de dentro del campo. Y a ver como algo normal que unos mataos recién llegados con solo unos pocos entrenos a sus espaldas se midieran contra los mejores equipos de la liga en inferioridad numérica. Sabernos carne de cañón camino del matadero como si tal cosa.

Documento: así vivíamos el rugby en Cantarranas en la época de la que hablo.

Desde bien pronto supimos que un partido no se aplaza aunque el campo este totalmente embarrado lloviendo a mares, nos falte el capitán (casi el único que sabía de rugby) y el equipo contrario nos ofrezca jugar otro día que consiguiéramos reunir a 15 jugadores. En aquella época parecíamos el ejército de Pancho Villa, pero a uno solo le queda enamorarse de un deporte que le brinda tantas ocasiones de sentirse orgulloso de sí mismo y que provoca tanta camaradería entre compañeros y rivales.

Y si eso ocurría a pesar de ser una panda de cafres (como muestra, el entreno que sale en el vídeo de más arriba) y de haber sido introducidos a este deporte de forma tan cafre, eso es que el rugby es algo muy especial.

Se hace imperdonable para uno mismo (los compañeros suelen ser más benévolos) no dar el callo, flojear para que otro haga el trabajo duro. Aquí se trata de que des la cara aun sabiendo que te la pueden partir.
Nadie se puede esconder todo un partido. Uno será más o menos malo, más o menos aplicado, más o menos brutal en los placajes, pero se trata de que estás fallando a los compañeros si no haces todo lo que puedes.
Te toca enfrentarte a rivales mucho más grandes y recibir golpes sin poder quejarte y sin poder poner una excusa. 

Por eso para mí el rugby es como la vida.

Supongo que me identifico con el rugby por dos motivos: el primero es que por mucho que uno nunca pueda llegar a ser un jugador sobresaliente (como habría sido mi caso), AUN ASÍ puede considerarse un rugbier por la disciplina y la actitud. Es decir, aquí no solo valen las cualidades técnicas y físicas, sino también esos valores de los que tanto nos gusta presumir a los hijos del oval.

El segundo motivo es que cada vez esos valores se ven menos allá donde decidas mirar. Los personajes de la televisión, los deportistas más famosos, los políticos, etc. dan un ejemplo nefasto y la gente encima les jalea. Por ello creo en el rugby casi como un servicio social. Un oasis en medio de toda esa mediocridad que se está haciendo ley de vida. Algo que el resto de la sociedad debería descubrir y valorar, aunque seguramente los periodistas deportivos (valga la paradoja) se encargarían de guarrearlo.

Una de las frases típicas del mundo ovalado es que el fútbol es un deporte de gentlemen jugado por hooligans, mientras que el rugby es un deporte de hooligans jugado por gentlemen.**
También se dice que el fútbol es un deporte en el que once jugadores sanos simulan estar lesionados, mientras que en el rugby 15 jugadores lesionados simulan estar sanos.
Al margen de que sean exageraciones, la gente que haya entrado en contacto con nuestro deporte entenderá por qué se dice y que responden a algunos de los atractivos de toda su filosofía inherente. 
Y estoy seguro de que estos rasgos también son parte de culpa de que todos esos padres que últimamente se han apuntado al equipo de veteranos estén tan satisfechos con su decisión. 
Efectivamente, parecíamos el ejército de Pancho Villa.
Seguro que no soy el único que gracias al rugby empezó a dar menos excusas, a afrontar las cosas dando más la cara. Y eso es lo que debemos transmitir a los niños y a las niñas que se atreven a probarlo, aunque a nosotros mismos a veces también nos cueste ponerlo en práctica.

Llevamos ya algunos años haciendo sesiones de rugby en las escuelas de la zona y veo que, aunque dando y recibiendo golpes se divierten, para muchos niños lo más difícil del rugby es atenerse a estos principios. La mayoría ve como algo normal el quejarse de todo y no dar el callo, que por algo se ve tan a menudo en otros deportes. Ahí se demuestra también que para jugar a rugby no solo hace falta ser bueno física o técnicamente.

De hecho, veo cómo niños que por haber sido censurados por protestar o reirse de un/a compañer@, algo que ven normal, ya no quieren continuar con la actividad. Incluso a veces, cuando les pregunto si prefieren jugar con sus compañeros o seguir quejándose, ¡algunos me responden que eligen lo segundo!
En esos momentos lo que pienso es: “uff... cuánto rugby le hace falta por aquí”.

Y ahora os voy a pedir algo: si me veis poner excusas o esconderme y no dar la car en algún momento, hacédmelo notar. Como el resto de compaer@s intento ser coherente y constituir un ejemplo para los chavales que entreno y que me verán como un referente.

Y vosotr@s, ¿qué pensáis de los valores del rugby? ¿Los conocéis? Bueno, no es que haya una lista con “los diez valores del rugby”, pero más o menos. ¿Estáis de acuerdo con ellos? ¿Hay cosas con las que no? ¿Pensáis que los transmitimos bien? ¿Cómo podríamos hacerlo mejor? ¿Habéis notado si vuestr@s hij@s los van incorporando en su vida?




* Especialmente, Wild e Ibi (al que los sub14 encontraron arbitrando el pasado mayo en el torneo nacional) fueron los que sustentaron el equipo esa época. Vulcanito también era un habitual. Si algún día leéis esto, muchas gracias, compañeros!

** Uso los apelativos originales del inglés porque se entienden y para no perder los matices en la traducción.
Aunque es verdad que cada día, por razones obvias, le cojo más manía al fútbol, no he elegido estas frases por ese motivo. Si existen frases parecidas comparando el rugby con otros deportes ahora mismo no me vienen a la cabeza.

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